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18.02.2022 Críticas  
Simón dice “Yo soy Hamlet”

El Teatro Reina Victoria de Madrid presenta Yo soy Hamlet; obra dirigida e interpretada por Gabriel Olivares junto a Leo Rivera. Un juego interpretativo jocoso que nos introduce directamente en la preparación de una de las obras más conocidas de Shakespeare.

Las luces de platea siguen encendidas y Gabriel Olivares entra en escena. Se sienta a una mesa y garabatea algo. Trastea con el attrezzo moviendo unas sillas de lugar, pero el público sigue absorto en sus móviles y en sus conversaciones. Nadie parece darse cuenta de que la vida en una escena es siempre teatro y que esta función arrancó hace cinco minutos.

Esta absoluta naturalidad será el hilo invisible que vertebra esta pieza metateatral en la que una prueba de selección de actores sirve como pretexto para analizar el clásico de Shakespeare y conducirnos hacia un thriller.

Todo transcurre en un solo acto sin elipsis temporales. Tomás (Gabriel Olivares), el director de una compañía semi-profesional de teatro discute furioso por teléfono. Se ha quedado sin protagonista para su montaje. Sin embargo, súbitamente aparecerá un joven que Tomás no espera, Simón Prendado (Leo Rivera), que viene dispuesto a ser el propio Hamlet. Simón no ha pisado un escenario en su vida y carece de experiencia, pero es resolutivo y, sobre todo, inmune al desaliento. Pese a su ignorancia y a demostrar una indiferencia casi irrespetuosa hacia los protocolos, supersticiones y dignidad del teatro, logra persuadir a Tomás para que le deje hacer una audición.

A partir de este punto, la obra nos sumerge en un juego de interpretaciones con más capas de las que inicialmente se muestran. Simón revelará tener un talento y una motivación ocultos que irán aflorando a medida que avanza la trama y que convergerán en un final inesperado.

Podría decirse que Yo soy Hamlet es una pequeña matrioshka, en la que una historia contiene una metahistoria, que contiene otra a su vez. No obstante en cada una de ellas, la sombra de Hamlet actuará como un potente hilo conductor. Hamlet es el elemento recurrente y el verdadero leitmotiv. En este sentido es brillante y muy didáctica la clase magistral que Tomás imparte a Simón sobre la pieza shakesperiana. Los fragmentos elegidos para la audición, glosados por Tomás, son interpretados magníficamente por ambos actores con tal calidad que nos dejan con ganas de más Shakespeare que de Richard James.

La excusa narrativa de la audición o del ensayo de Hamlet permiten a ambos actores, especialmente a Leo Rivera, desplegar un abanico interpretativo que los llevará de la comicidad ligera del inicio, al drama clásico y por último a la tensión del suspense.

Leo Rivera se enfrenta a ese reto envenenado que supone interpretar a un mal actor. La fragilidad de esa buena interpretación es paradójica. Fácilmente puede caerse en la sobreactuación y la caricatura. Pero Rivera lo esquiva construyendo un personaje cómico, accesible y terriblemente natural e ingenuo. Este primer Simón es tan sólido que deja a la platea doblemente atónita cuando su personaje demuestra tras el enésimo intento de decir el texto que en su fondo hay un Hamlet y es, para sorpresa del propio Tomás y del auditorio, un gran Hamlet.

Gabriel Olivares es un director y productor de teatro con una carrera notable que, por primera vez, ha saltado a la escena como actor y lo ha hecho con una solvencia que desearían muchos de sus colegas. A la vista de la naturalidad de su interpretación, la magnífica posición de la voz y su proyección me hizo recordar las palabras de otro monstruo, José Luís Gómez, cuando defiende que quizá los mejores directores de actores son precisamente los actores.

Yo soy Hamlet es divertida e intrincada. Resulta interesante cómo aborda y glosa el drama de Shakespeare e integra la propia trama clásica dentro de la pieza (la muñeca rusa). No obstante, a media función, la obra pierde ritmo y la acción se ralentiza. Superada la primera mitad, que es pura comedia, la trama evoluciona densamente y por momentos resulta tediosa. Curiosamente lo que falla es la tensión del suspense. Creo honestamente que el problema es del texto original y no del montaje o de los actores. La presentación de los personajes es fresca y dinámica. Las primeras escenas atrapan completamente nuestra atención y despiertan risas francas. Pero, una vez que Rivera comienza a descubrir los velos de su personaje, se produce una transición extraña y violenta. Parece que a la pieza le falta desarrollo para justificar de una manera más fluida la catarsis final. Hay notas que no terminan de empastar y algo resulta inarmónico, aunque la pieza en su conjunto sea entretenida y funcione.

Yo soy Hamlet, es un juego. Ya lo anuncia uno de sus personajes, Tomás, cuando recuerda que interpretar en inglés se dice “to play” (jugar). Leo Rivera, juega sin duda en este montaje. Su personaje Simón lo hace también desde su misma presentación y con notable honestidad. “Yo soy Hamlet”, afirma convencido, y Simón no miente.

Crítica realizada por Diana Rivera

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