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22.11.2021 Críticas  
La aventura de la poesía

A vueltas con Lorca es la apuesta segura ideada por Emi Ekai y Carmelo Gómez con la que más de trescientos espectadores pueden disfrutar cada tarde en el madrileño Teatro de la Abadía de Madrid. Un espectáculo sencillo e íntimo, pero también expansivo y feliz, que supera con nota el reto que supone dialogar de tú a tú con el de Fuente Vaqueros.

“Se nos rompió el amor de tanto usarlo” cantaba Rocío Jurado. ¿Nos pasará lo mismo con la poesía de Federico? Mientras se haga con el tacto, la sensibilidad, el respeto y la devoción que Emi y Carmelo le han puesto a este montaje, no habrá el menor riesgo de que eso ocurra. Al revés, proyectarán aún más su combinación de excelencia y humildad, consolidarán su capacidad de conmover y agitar pacíficamente a la par. A vueltas con Lorca transmite, rezuma y exuda respeto, devoción y admiración, deseo de comunicar, de transmitir y de compartir de manera directa, sin alaracas ni aspavientos, de llegar y conectar.

Cuando suena la campanilla que da inicio a la función, el silencio no da paso a una distancia entre espectáculo y público, escenario y patio de butacas, sino a un todo de personas, de respiraciones al unísono embaucadas por la magia y la hipnosis de la literatura y la poesía. De cuando las palabras se hacen carne y el verbo latido del corazón, de una coreografía cardiaca que une la voz de Carmelo Gómez con las manos al piano de Mikhail Studyonov y a ellos dos con quienes los escuchan.

Carmelo Gómez no se muestra como un actor, sino como un cómico sin límites a la manera en que lo era Fernán Gómez o al modo en que los veía Francisco Umbral, al que referencia en varias ocasiones. Lo suyo no es la interpretación, sino la emoción, la capacidad de trasladarnos totalmente hasta allí donde quiere situarnos. Nos hace traspasar la razón, el símbolo y la lógica de lo escrito y lo pronunciado y nos lleva hasta donde la norma es la belleza y el placer, donde entra en comunión lo que solo unos pocos son capaces de crear y otros muchos tenemos la suerte y la oportunidad, si nos dejamos, de disfrutar.

El texto que han ideado Emi y Carmelo no es una mera recopilación de fragmentos escritos por García Lorca, yendo de su dramaturgia a su lirismo, del costumbrismo a la tragedia de sus arquetipos, tramas y analogías con el tiempo en que vivió, sino que también bucea y trae a la superficie su conexión con los clásicos latinos y antecesores como Cervantes o Lope de Vega. Pero no lo hace con erudición filóloga ni con un ánimo dogmático arrollador, sino convirtiéndonos en cómplices de la mejor de las posibilidades, ser receptores de su creación, individuos que le atesoren en su sentir y proceder, y de esta manera, divulgarlo, proyectarlo y lanzarlo más allá. De darle un futuro en el que otros se reflejen y proyecten en él, igual que hoy lo hacemos nosotros y antes lo hicieron los que nos dieron la oportunidad de cruzar nuestra senda con la suya.

Y ya puestos, y por pedir que no quede, ojalá nuestro presente estuviera acompañado de las proyecciones ideadas por Germán Roda y Natalia Ruiz a partir de las ilustraciones de Oier Zúñiga inspiradas en los propios dibujos de Federico. Pero mientras eso llega, al menos tenemos la oportunidad de disfrutar de espacios y tiempos en el alma, reales y oníricos a partes iguales, como A vueltas con Lorca. Larga vida a la magia del teatro y a los artesanos de la palabra y el gesto que lo hacen posible.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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