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18.12.2020 Críticas  
Y si esta fuera la última noche que nos viéramos

La Sala Beckett de Barcelona presenta Karaoke Elusia; una obra creada y dirigida por Oriol Puig y interpretada por Lluís Arruga, Biel Montoro y Valèria Sorolla que aborda temas peliagudos y altamente nombrados como el bullying, la salud mental y el suicidio juvenil.

Anita, Sam y Cristian alquilan la sala privada de un karaoke para celebrar su graduación de instituto. Durante la noche cantan canciones y recrean todo lo que ha pasado este último año. Ha sido un curso difícil para los tres. Hace meses Sam se intentó suicidarse, provocando una avalancha de acoso escolar por redes que padres y profesores fueron incapaces de frenar. Esta cruda explicación es el tema principal de una obra que te destroza en la butaca.

Karaoke Elusia, del joven dramaturgo Oriol Puig, es la culminación del proyecto internacional de creación escénica Extended Universe que quiere promover el uso de nuevas tecnologías en la creación teatral y la implicación de jóvenes en la práctica escénica. La Sala Beckett forma parte de él conjuntamente con teatros de Reino Unido, Dinamarca y Grecia.

Cuatro dramaturgos europeos han creado Elusia y cada uno ha escrito un artículo sobre la utopía, el poder y la cultura juvenil en colaboración con grupos asesores locales de adultos jóvenes. Los escritores son Nina Segal, Zara Lea Palmquist, Oriol Puig y Christos Ikonomou. Sus historias se lanzan en 2020 y se extienden hasta 2021. Este experimento de narración abarca shows en vivo, podcast y un webcomic y tiene lugar en Elusia, un universo extendido inspirado en la utopía, el poder y la cultura juvenil. Si quieres formar parte de él, conviértete en Elusian.

Interpretada por Lluís Arruga, Biel Montoro y Valèria Sorolla, Karaoke Elusia habla de forma directa, joven y sin tapujos sobre el acoso y el suicidio juvenil desde la visión de tres jóvenes que están a punto de finalizar el instituto. A la temprana edad de 17 años, ellos sufren toda la presión de finalizar el curso con buenas notas, pensar en qué quieren convertirse y, sobretodo, clavar la inminente prueba de selectividad. Pero todo son nimiedades en comparación con las sensaciones que los tres sufren en su día a día. Uno de ellos ha intentado suicidarse, los demás no lo comprenden y tratan de entenderlo aunque él no quiera hablar del tema.

Las interpretaciones que nos ofrecen estos jóvenes actores (Arruga, Montoro y Sorolla) es magnética. Pura. Directa. Aunque en algunas ocasiones encontramos que el texto se verbaliza demasiado rápido y/o se pisan entre ellos, ello nos ayuda aun mas a dejarnos llevar y tener la sensación de participar en una conversación personal y real entre amigos en una sala de Karaoke. Una conversación que fluctúa entre el colegueo y la intervención, entre la preocupación y la negación, entre el amor (como parte de la amistad) y el dolor. Allí recordarán un año que les marcará para siempre. Confidencias entre amigos sobre la gente que ha estado ahí, gente que les han escuchado y ayudado, e incluso, gente que han negado la evidencia para salvar su culo. Los que bajo sus acciones deplorables han disfrutado del dolor ajeno. Y, aun así, tal como dice uno de sus personajes: «si esta fuera la última vez que nos viésemos, sería un bonito momento para recordar». Y de los mejores; añadiría yo. Porque si has sido víctima de bullying, si te han acosado alguna vez por algún motivo, entiendes la situación que están viviendo. Entiendes la motivación de cada uno de ellos; porque tú también has vivido sendas partes.

Por la parte técnica, la iluminación de Agnès Piqué Corbera y el espacio sonoro y música de Arnau Bellido y Iker Rañé nos trasladan de una cutre-sala de Karaoke a diferentes espacios donde los jóvenes explican sus vivencias; como las casas de nuestros protagonistas o el instituto. El juego de luces utilizado en las transiciones entre escenas o los pequeños cambios que se realizan en momentos dramáticos de la historia, hacen que percibamos aun mas la oscuridad que el personaje principal nos transmite. Lo mismo ocurre cuando sufrimos sus cambios de humor o cuando le preguntan sobre temas que no quiere tratar.

Por su parte, el movimiento de escena creado por Alba Saez juega de una forma fantástica en una historia explicada a cuatro bandas. Sus constantes cambios nos ayudan a no perdemos ni un ápice de las interpretaciones. Cambios muy bien equilibrados para poder disfrutar de la obra desde cualquier grada de las cuatro posibles.

Tras disfrutar de Karaoke Elusia, muchos nos podemos sentir identificados en algunas partes del texto (por haber recibido un trato similar en nuestros años escolares), y es por ello que agradezco que Oriol Puig haya decidido hablar de ello sobre las tablas de un escenario y que, la Sala Beckett, haya tenido la valentía de ser productora y voz de este tipo de obras. Estas obras ayudan a curar heridas abiertas y, a su vez, acercan a la población puntos de vista de acciones en las que, posiblemente ellos han sido partícipes. Ya sea realizándolas, ya sea negándolas, ya sea evitando verlas (algo que, lamentablemente, ocurre a menudo). Cuando alguien te las muestra a la cara, directamente y sin filtros, es cuando te das cuenta que aquello que le hacían a tu “amigo/a” en el colegio y de lo que te reías, no era correcto. Que ello le ha afectado, le afecta y le afectará durante toda la vida, y tú, ni siquiera te lo habías planteado. Y no solo ocurre en el colegio, ya que multitud de adultos sufren este tipo de acosos en trabajos, entre familiares o, por ejemplo, a través de las redes sociales. Muchos de ellos consiguen «recuperarse». Otros no.

Crítica realizada por Norman Marsà

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