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15.10.2020 Críticas  
El fantasma de la estación de Príncipe Pio

El Gran Teatro Bankia Príncipe Pio, en su espacio La Estación, retoma la programación prevista con su apertura en el pasado mes de marzo y ahora ya si se puede asistir a Callas in concert, junto con la Orquesta Sinfónica de Bankia.

Maria Callas, o la Callas es que aparece en el escenario de La Estación, gracias a la tecnología BASE Hologram, que le otorga presencia, y al archivo fonográfico de Warner Classics que le da la voz. Imagen, voz, y la intervención imprescindible y necesaria de la Orquesta Sinfónica de Bankia son la que dan forma a este espectáculo lírico en el que, apoyándose en imágenes y entrevistas de la época, también proyectadas en el escenario, se enmarca la leyenda en la que el público convirtió a Maria, que ya dijo que ella se veía muy humana, porque si fuese una leyenda cantaría mejor.

El formato de Callas in concert continúa la vereda que ya abrieron Gorillaz en el pop, para demostrar que la presencia física no es imprescindible en escena para ofrecer un espectáculo en el que la huella humana está presente en otros tantos aspectos (en este caso citado, las voces y música son en directo), y que el público está preparado para disfrutarlo en directo. Pero claro, aquí solo hay un elemento en directo, la orquesta, y todo lo demás es material de archivo genialmente empaquetado y presentado, pero es solo eso, pura apariencia.

Negar la dificultad que debe entrañar ser un director de orquesta y depender de una representación holográfica sobre la que dirigir a tu sinfónica, es innegable, y la ejecución y partitura es magnífica, gran mérito de la Orquesta Sinfónica de Bankia; pero que la tecnología BASE Hologram lo único que aporte sea esa digitalización de Maria Callas, donde ni siquiera la voz ha sido sometida a una remasterización, mas que necesaria para que el resultado de este concierto fuese cuanto menos reseñable, pues hace que todo Maria Callas in concert cojee y se dilate en el tiempo demasiado para mi gusto.

Noventa minutos de un concierto, sin ser La Estación el Auditorio Nacional, y que la calidad de audio de la espectral Maria Callas sea la misma que un vinilo en mi casa, o si me camino de casa accedo al Youtube para ver interpretar a la Callas a Norma, no justifican todo el despliegue tecnológico si lo que se ve a entregar al espectador no es excelente. Callas in concert cumple con lo que se espera, ver al fantasma de Maria Callas en concierto, pero lo que debería ofrecer es una oportunidad de volar la cabeza del espectador, u ofrecer un factor WOW que me hiciese recomendarlo a mis amistades.

Hay posibilidades de que Callas in concert fuese lo más parecido a una experiencia inmersiva en la que se jugase con el espectador y este llegara a dudar de si realmente Maria Callas está ahí, y no descansando en una urna del Père Lechaise de París. En un momento determinado del concierto, Maria echa al aire una cartas que quedan suspendidas frente a ella y caen a cámara lenta; ese efecto es el juego que necesita Callas in concert para triunfar. Imaginaos una lluvia de rosas, como las que se entregan al llegar, cayendo sobre ella; o ese viento invisible que hace moverse una de sus estolas, que ella luchase contra él en una de las interpretaciones. El límite es la propia imaginación del ¿director? del espectáculo, y aquí ese límite ha quedado marcado en la simple ejecución de darle al Play para que Maria Callas salude al director de orquesta y reverencie al público.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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