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24.09.2020 Críticas  
Te quiero más cuando estamos lejos

El Teatro María Guerrero acoge la segunda aparición sobre la escena de la familia de Carolina África. Otoño en Abril, texto apoyado por la beca de escritura dramática del Pavón Teatro Kamikaze, es un canto a la unión con los que compartimos lazos de sangre a pesar de las múltiples diferencias que pueda haber entre nosotros.

Costumbrismo. Mucho. Del de la clase media de la que formamos parte la mayor parte de ciudadanos y espectadores. Del que hemos visto a raudales en series y programas de entretenimiento televisivo. Al que recurrimos cuando bromeamos con nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo. Contenido que llena de humor nuestras vidas, pero que tiene también mucho de retrato sociológico y de expresión emocional. Ese es el punto de partida con el que el Centro Dramático Nacional comienza la temporada 20-21 en su sala principal de la calle Tamayo y Baus.

Carolina África, directora y escritora, advierte que, aunque vuelve a dar vida a los personajes de Verano en diciembre, esta entrega funciona por sí misma, no es necesario conocer el pasado de sus protagonistas para sentarse a la mesa con ellas, ocupar un sitio en el sofá de su salón o visitar a Alicia en el hospital cuando da a luz a su primogénita, la Abril del título. Una niña que nace en una familia de mujeres, una madre soltera, una abuela con espíritu de matriarca y dos tías insatisfechas con la vida -la primera por su matrimonio y la segunda por su falta de independencia. Paola Ceballos, Laura Cortón, Beatriz Grimaldos, Pilar Manso y Majo Moreno dan vida a sus personajes sin caer en el tópico ni en la caricatura.

Un sistema de lo más neurótico, desequilibrio del que por el momento se libra el bebé, y a cuyas inercias, nudos y agujeros negros asistimos en un continuum de todo tipo de situaciones (realidad y pasajes oníricos), cruces relacionales (maternofiliales y fraternales, tanto individuales como colectivas) y registros personales (las relaciones conyugales, las incapacidades del presente y los sueños de futuro en lo personal, lo laboral y lo relacional). Un mundo femenino que su creadora expone desde un prisma afectivo y realista, sin olvidar el toque feminista que exige reflejar cuanto denota el papel que se le presupone -y que asumen o rechaza- toda mujer por el simple hecho de serlo.

Una sencilla, pero muy versátil, escenografía de Mónica Boromello acoge una acción muy bien escrita e interpretada. Hay buenos pasajes, como los de los sueños, resultan originales y frescos, pero mi impresión es que el tono dinámico, ágil y resolutivo del libreto no alza todo el vuelo del que es capaz. Quizás su autora tenía que haber actuado con sus personajes como llega a manifestar una de ellas. A veces es necesario alejarse un poco para dejar de estar pendiente de las deudas y las heridas y así quererse de manera más libre y auténtica. Pero en cualquier caso, así está bien y nos queremos también.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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