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11.09.2020 Críticas  
Periodismo en escena

Nuria González y Nuria Mencía se convierten en Mónica G. Prieto y Maruja Torres en “Contarlo para no olvidar”. Dos reporteras todoterreno, dos mujeres luchadoras y analistas perspicaces. Una conversación que existió y que Miguel Rellán ha adaptado para dirigir su puesta en escena en el Teatro Español.

Todos llevamos un periodista dentro. No. Mentira. Aunque tú creas saber cómo contar lo que sucede, no tienes ni idea. Te falta la intuición, el valor, la perspicacia, la visión, el tesón y la retórica de Mónica y de Maruja. De eso no te va a quedar ninguna duda después de asistir a este encuentro, debate, conversación y reunión de amigas, profesionales y personas con espíritu crítico que combinan a la perfección la seriedad con la banalidad y los recuerdos con las previsiones del futuro, pero siempre con los pies en la tierra, huyendo de cualquier zona de confort.

Una disección sobre las luces y las sombras de nuestra sociedad, el capitalismo, la geopolítica, el neoliberalismo, los conflictos bélicos y el feminismo aguda, clara, comprensible y apta para todos los públicos. Excepto para aquellos que se revuelven en la silla cuando le tocan su punto débil, la anacronía de sus principios o las contradicciones entre su verbo y su proceder. Todo eso lo tiene el libro transcripción editado por Revista 5W en 2017 del que ha partido Miguel Rellán y que con mucha corrección y pulcritud ha trabajado hasta convertirlo en las palabras que ahora escuchamos en la sala Margarita Xirgú.

El asunto aún más creativo es la forma con que Rellán, y con la producción del Teatro Español, ha hecho que ese libreto tome cuerpo. Ni González ni Mencía, ninguna de las dos Nurias, se parecen físicamente a Mónica o a Maruja. Pero su buen hacer consigue que puedas saltar por encima de ese obstáculo de que tengas grabada en tu memoria la imagen real de estos dos baluartes del cuarto poder. Pero por encima de esto, y el motivo por el que aunque lo escrito sale de las páginas no consigue brillar, es por su excesiva teatralización. Aunque lo que se interpreta sobre el escenario es un encuentro, una conversación, no suena a tal sino a representación.

El continuo moverse entre las sillas, la mesa y la pasarela que conforman la escenografía diseñada por Monica Borromello, jugar a abrir bolsos y mochilas, sacando objetos varios de ellas para dar pie a movimientos de manos y cambios posturales resulta discordante con el asunto que nos ha convocado. Una sensación de planicie que queda subrayada por una iluminación (obra de David Vizcaino) continua, sin cambios narrativos o temáticos ni matices expresivos o emocionales, que hace que lo que escuchemos suene más a dramaturgia académica que a la emoción de quien vive, siente y practica el periodismo.

Aunque claro, quizás esta crítica esté filtrada por mi deformación profesional y no sea yo el cronista más apropiado. Vayan ustedes al teatro, que ya saben que #LaCulturaEsSegura y contrasten su opinión con la mía -cual periodistas- y después debatimos.

Crítica realizada por Lucas Ferreira

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