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17.02.2020 Críticas  
La Barraca en Sodoma

Este SEDOM. Un pueblo llamado Pecado hubiese sido un buen estreno en Nave 73 para cerrar el Año Lorca que fue 2019, pero llega pronto este 2020 para intentar completar ese texto esbozado por Federico García Lorca y que Julio Vargas aquí presenta.

Una extranjera (Emilia Lazo) llega a un pueblo y es acogida por una Madre/Padre (según la función, el papel es reinterpretado), cuyas hijas sufren una extraña alergia que las mantiene encerradas en casa. Esa casa es del pueblo y todo lo que está dentro de ella pueden llegar a tomar posesión sin pedir permiso ni excusarse. Poco a poco los habitantes van descubriendo que la llegada de la extranjera no es casual, y deberán enfrentarse a la justicia.

Aplaudo, celebro, y asisto ilusionado a cualquier evento relacionado con Lorca, y SEDOM. Un pueblo llamado Pecado, no iba a ser menos. Alabo la osadía de Julio Vargas, escribiendo y dirigiendo este proyecto, partiendo de «La destrucción de Sodoma», el cierre de la trilogía que abrió Federico con «Bodas de sangre «y «Yerma», y cuyo desarrollo aquí es imaginado y acometido como una mezcla de «Los Otros» de Alejandro Amenábar, «El Ángel Exterminador» de Luis Buñuel, y el universo de Luis García Berlanga.

SEDOM. Un pueblo llamada Pecado respeta la tradición del teatro ambulante y su tono entre la comedia y la tragedia, puede transportarnos a una plaza de pueblo de la intra-España, pero el resultado final sería reportado al alcalde como insuficiente y nada placentero. Salí de la sala con la sensación de haber asistido a un estreno demasiado amateur, sin que esto sea totalmente negativo, pero siento que si voy a asistir a la muestra de un grupo de teatro aficionado, y no de una compañía actoral en consolidación, hubiese sido más benevolente en mi mirada, o quizás, mi exigencia sería menor.

La tonalidad del elenco, es demasiado voluble. Alguna decisión artística y de vestuario, que en las imágenes promocionales aportan cierta potencia al conjunto general, han sido barridas del montaje final, y alguna razón habrá al respecto, pero me provocan decepción y cierta sensación de engaño (las máscaras de las hijas han pasado de ser una visión de terror apocalíptico a un descarte del vestuario de JA Bayona de «El Orfanato»). Emilia Lazo repite personaje lorquiano tras «Así que pasen cinco años», en esta misma sala, hace menos de un mes, y déjà vu que siento no es bueno.

Me apena aproximarme a SEDOM desde esta visión, enfoque, y actitud, pero cada vez se hace más necesaria una autocrítica y autoexigencia sana acometiendo cualquier proyecto artístico, y quizás SEDOM aún se encuentra en una etapa demasiado temprana para enfrentarse a una audiencia popular. En estos mismos instantes Carlota Ferrer y Darío Facal se están sometiendo al escrutinio y la crítica desde el Pavón Teatro Kamikaze, de un teatro imposible de Federico García Lorca, y SEDOM al menos se dibujaba en su cabeza como una tragedia posible, y este boceto de Julio Vargas, en este estado, no lo es.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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