novedades
 SEARCH   
 
 

11.02.2020 Críticas  
Nada, nada, nada

Carlota Ferrer y Darío Facal, habiendo ya abordado “un Lorca” cada uno en solitario, se enfrenta a la irrepresentable Así que pasen cinco años (La Leyenda del Tiempo) en El Pavón Teatro Kamikaze, con una dificilísima propuesta de voluble resultado y complicado acercamiento.

El Joven (Carmen Climent) espera cinco años a La Novia (Selam Ortega), y a pesar que hasta los rasgos de ella se han desdibujado en su memoria, y él ha sido sustituido en su cabeza por El Jugador de Rugby, las promesas están para cumplirlas aunque el reencuentro no sea el ideal esperado. Una Mecanógrafa enamorada (Conchi Espejo), un niño muerto, una gata en un tejado, y un señor anciano, son algunos de los personajes cuyas historias colisionarán sobre el escenario antes de que acontezca una timba de cartas decisiva para El Joven.

A Federico García Lorca le hubiese gustado ver este La Leyenda del Tiempo, ya que la propuesta escénica de Facal y Ferrer transita de una forma fidedigna y respetuosa sobre el ideal surrealista que describe Lorca en el original: los recortes de libros andantes, un vestuario sobrio y un elenco solventísimo entregado a la causa dadá, se mueven por una escena elevada de las tablas, pero al ras del disfrute de la audiencia. Si un espectador medio, sin conocimientos previos de la historia que se nos cuenta, se encuentra con este desfile daliniano ante su mirada, quizás le aboque durante los noventa minutos de la función a repasar mentalmente todos los quehaceres que está dejando de hacer, por culturizarse, o enumerando la enésima referencia onírica que no entiende.

La Leyenda del Tiempo es un cubo de Rubik nivel avanzado, un Sudoku teatral para superdotados, entre los que no me encuentro. Un crítico de cuyas iniciales no quiero acordarme, se enfrentó a un texto de Rojano, como la mujer del meme de Twitter ante una fórmula matemática y ahora me ha tocado a mi el turno, pero esta vez con razón. Las referencias oníricas lorquianas de este montaje, harían que David Lynch frunciese el ceño; la sección con minotauro desnudo culturista y música urban de fondo, es un oasis lisérgico, muy próximo a la habitación roja de Twin Peaks.

Reposado el montaje, y diseccionado en mi cabeza, La Leyenda del Tiempo me decepciona como espectador, aunque alabo la intención de ser lo más fiel al original. El propio Federico se vio obligado a revisar el texto por irrepresentable, y esa consideración es la que yo mismo le hubiese expresado a Lorca, si hubiese confiado en mi para darle mi opinión al respecto. Hace pocos meses asistí a un «Así que pasen cinco años» y la propuesta me pareció alcanforada y recatadamente racional, pero agradezco que me facilitase el acercamiento a este montaje. No dejaré de aproximarme a ninguno de los dos creadores, casi con los ojos vendados, una y otra vez, pero si que intentaré ser cauto en las expectativas que me creo yo mismo, y a las que considero responsables de esta sensación de haber sido privado de unos minutos, cada vez más valiosos, de mi vida.

Crítica realizada por Ismael Lomana

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES