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23.01.2020 Críticas  
Mitografía, empoderamiento y sororidad

El Teatre Tantarantana convierte el Àtic 22 en alegoría de una acequia de sororidad. Hey, hermana! reescribe el devenir de personajes mitológicos y los replantea desde el empoderamiento. La autoría de Vicky Salvucci formula un debate muy interesante con respecto a los originales que desenmascara el contenido tras la mitografía y cualquier forma culta de expresión.

Mitografía, empoderamiento y sororidad. No hay victimismo pero sí denuncia y sobretodo un rigor inquebrantable para desarrollar términos a través del lenguaje dramático. Tres conceptos que en la pieza que nos ocupa quedan explicados de un modo cristalino ya desde la concepción del espectáculo y, por supuesto, en su desarrollo y lenguaje interno. A través de los personajes de Helena de Troya y Clitemnestra asistimos a un golpe en la mesa tajante y rotundo. Hasta aquí. Basta de ser la hija de, la esposa de, la madre de, la culpable de, la amante de…

¿Cómo se consigue esto? Enfrentándolas a las dos entre sí y consigo mismas. Con nosotros, hombres. Esos hombres que las hemos escrito y encorsetado desde tiempos inmemoriales. Desde que las escribimos, las casamos, las victimizamos, las cosificamos… De un modo no explícito, el careo forma-contenido es muy interesante. Si quitamos el verso y la belleza de las expresiones clásicas y nos centramos en lo que sucede, ¿qué papel hemos obligado a ejercer a las mujeres? Si el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, asienta referentes y perpetúa o ejemplifica roles, actitudes y una manera de entender y configurar el mundo, su organización y estructuras de pensamiento, ¿qué llevamos milenios haciendo? ¿Qué actitudes, infravaloraciones o vejaciones hemos estado justificando, tolerando, incluso protagonizando, porque «esto siempre ha sido así»?

Hacía falta una Deus Ex Machina. Y debía ser mujer. Aquí la tenemos y no podemos celebrar más entusiásticamente este gran hallazgo. La obra en sí es un elemento ¿externo? a la realidad que refleja, capaz de resolver el devenir de la historia y de estas dos protagonistas que por fin lo serán de la suya propia. Rompiendo la (i)lógica interna de poetas, juglares, historiadores y mitómanos. Incluso la de ellas mismas cuando son incapaces de salir por sí solas del bucle y necesitan un empujón. Una aparición, la de la Deus y de la pieza, imperiosa y necesaria dentro del guión que tanto la ficción como la realidad (como la configuración de la segunda que hace la primera) en las que vivimos perpetúan hasta el hastío y la asfixia. Hey, Hermana! desenmascara la falta de coherencia interna de todo este embrollo que llamamos vida y convivencia y siendo incoherente con la incoherencia máxima se convierte en una propuesta auxiliadora y efectiva. No una tirita y sí una cura. Un elemento estructural que incluso deberá tomar las riendas de la dirección de la pieza, explicando y reconduciendo también los roles que intervienen en una puesta en escena, reventando género, pirámide organizativa y mandato.

La dirección de Eric Balbàs y Beatriz Bonet es por tanto una guía más que notable para que el diálogo entre disciplinas escénicas encuentre el mejor cauce posible. Aportan un punto de vista de clase muy interesante, ya que rehúyen situarse en cualquier nivel elitista y consiguen un tono para los personajes totalmente alejado de cualquier atisbo de aristocracia formal o ideológica. Todas somos chusma y formamos parte de la plebe, también Helena y Clitemnestra y con ellas todas las que se pondrán de pie. También nosotros, los mitómanos y embaucadores que, a partir de ahora, seremos (como decíamos más arriba) mitógrafos, cacaces de explicar la mitología como asentamiento de unos pilares patriarcales. El espacio escénico, iluminación y vestuario de Sergi Cerdán aprovechan las paredes a modo pizarra para secuenciar la pieza en distintos actos reventando ya del todo la estructura de la tragedia clásica. Unos ambientes evocados y mudables en función de los requerimientos de cada situación y una caracterización que se sirve del flúor y demás estridencias acústico-visuales tan arrabelaras como catárticas y que convierten el espectáculo en una expiación comparable a la que nos sometemos voluntariamente cuando nos perdemos y sumergimos en el abismo interior que nos facilita cualquier local nocturno. La composición de Violeta Tello Grau es su gran cómplice al respecto.

El trabajo de las intérpretes incluye tanto las aproximaciones desde un registro más simultáneo al actual como a la declamación y dramatismo propio de los parlamentos que defienden y re-definen a los personajes. Incluyen y naturalizan las rupturas o salidas de tono hasta conseguir la proximidad imprescindible para que el desenlace de la pieza suceda con éxito. Juntas van mucho más allá de un ¿pero qué me estás contando? para transformar la pregunta en un irrebatible a partir de ahora te lo explicamos nosotras, gracias. A la excelente labor de Bonet, se suman unas no menos inspiradas Maria Hernández y Anna Elias, convertidas en personaje y alegoría, en réplica y contrarréplica de Helena y Clitemnestra pero también de sí mismas como actrices que se enfrentan y también se rebelan contra el material que se traen entre manos. Tres actrices que, junto al trabajo de Salvucci y Balbàs (y la coreografía de Karen Mora) cuestionan las ideas griegas (y por extensión todas las que se han visto influenciadas, hasta las más actuales) de género, familia y sociedad así como los distintos roles femeninos tradicionales. Muy interesante la concepción de la sexualidad activa de la mujer, así como el distanciamiento de cualquier papel preconcebido como madre, así como otros muchos matices y enfoques que merecen la pena ser descubiertos en primera persona.

Finalmente, Hey, hermana! es un título a tener en cuenta tanto por la intención como por la ejecución y, por supuesto, el resultado. Conceptos e ideas desarrolladas por todas las disciplinas convocadas y una manera de entender el discurso dramático que, por si fuera poco, reescribe también la función de las distintas figuras que intervienen en la puesta en escena (dirección, interpretación, espectadoras…) formateando de paso el cambio de chip que plantea, fomenta y facilita. Es posible que las mujeres se levanten mientras los hombres miran, callan y escuchan. Sucede cada noche en el Àtic 22. Y ser testigo de la sensación de posibilidad transformada en realidad y, por tanto, libertad es tan valiosa como emocionante. Por una vez, que sea posible no solo quiere decir que sea probable sino que, aquí, es también palpable.

Crítica realizada por Fernando Solla

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