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27.12.2019 Críticas  
Tragedia cotidiana

Hogar, casa, 38 metros cuadrados inexpugnables, donde uno duerme, come, defeca, hace el amor. Un refugio entre el asfalto, donde sentirse rey del mundo, hasta que una llamada de la agencia que gestiona el alquiler notifica una subida inadmisible del mismo. Eso es Inquilino, y donde Paco Gámez, autor y protagonista, nos lleva a un viaje reconocible y vitalista.

La Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid se transforma en esa Numancia de Paco Gámez. El texto ganó el Premio Calderón de la Barca en 2018 y por fin se puede ver en un escenario. El texto refleja una vivencia personal del propio autor, vivencia muy común a muchos de los que nos esforzamos por vivir en el centro de Madrid, luchando contra apartamentos turísticos y propietarios especuladores. Si bien el montaje se podía haber ido por las ramas de la denuncia dramática, y por los conocidos vericuetos de lo que representa tener que abandonar el hogar que ya no se puede pagar, Paco lo que hace es darle la vuelta al drama. Sin regodearse en la injusta situación, se rebela contra ella y con un humor afilado, nos cuenta el periplo de ese fatídico mes de julio que le obligará a abandonar su Numancia, con un final tan cinematográfico y épico que merece ir a verlo.

Una escenografía apuntalada en un espacio diáfano, con cuatro pantallas que apoyan la narración de manera estupenda. Y Paco, que hace tan suya la historia, que en algún momento nos olvidamos que estamos ante un actor interpretando un texto. Hay tanta verdad, tanta frescura, algo descarada incluso, magnética. Una gozada entrar en ese apartamento de la mano de Paco y participar en su lucha contra los molinos de la usura. El recorrido por lugares y personajes comunes de la ciudad hace aún más identificable todo el relato. La empatía se impone.

El montaje es ágil, veloz, agudo y divertido. Sin olvidarnos de que estamos ante una tragedia personal, se consigue que el drama se torne en fuerza para afrontar el inevitable desenlace. Pero con honor, con épica. Se agradece el tono de comedia impuesto. Todo un acierto de la dirección de Judith Pujol y Eva Redondo.

Gusta y mucho este Inquilino. Le auguro más de una reposición no solo en Madrid, sino por la geografía española. Una buena muestra de tratamiento de un drama común, con humor y una buena dosis de mala leche. Gracias Paco por compartir tu lucha e invitarnos a la fiesta de despedida.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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