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29.11.2019 Ópera  
Ah, la maledizione!

Los días 19, 21 y 23 de noviembre el Auditorio de Tenerife acogió el estreno de Rigoletto. Esta producción, homenaje a la figura de Alfredo Kraus con motivo del aniversario de su fallecimiento, fue protagonizada por el barítono Luis Cansino y, en sustitución de la soprano Leonor Bonilla por enfermedad, Lara Lagni encarnó a Gilda.

Rigoletto es el primero de los títulos de la popular trilogía de Verdi, al que le siguen Il Trovatore y La Traviata. Lo que hace particular a esta historia es su énfasis por el amor profundo e incondicional que Rigoletto siente por su hija Gilda. Al mismo tiempo que muestra una doble cara, ya que es el instigador del libertinaje y la corrupción que abundan en la corte del Duca di Mantova. Este bufón deforme hará lo imposible para proteger a su hija, mientras empuja al Duque a caer aún más bajo en su depravación. Esa situación termina en trágico final, como si el protagonista fuera el responsable, en cierto modo, de la muerte Gilda.

Verdi compuso esta obra en un período en el que comenzó a centrarse más en la calidad y en la búsqueda de la credibilidad dramática por encima de las convenciones musicales de su tiempo. Así mismo, la orquesta pasaría a tener la misma relevancia que las voces, no en clara competencia, sino en un acompañamiento que enriquecería la obra, pudiendo hacer sentir cada situación dramática.

Esta producción reunió a un equipo de gran calidad, que supo estar, sin excepción, a la altura de esta joya verdiana. A la dirección musical se estrenó en Ópera de Tenerife Giuseppe Finzi, quien mostró y transmitió una extraordinaria seguridad, regalándonos con momentos más que sugestivos. Y como es costumbre ya, Carmen Cruz volvió a dirigir a un Coro Ópera de Tenerife excelso, rozando la perfección.

El barítono Luis Cansino resultó ser extremadamente convincente en su rol de Rigoletto, siendo capaz de mostrar la gran variedad de diferentes emociones dramáticas por las que pasa el personaje y dejando este hecho reflejado en su recorrido efectivo por todos los colores posibles del canto declamado.

Yijie Shi, aunque un poco dubitativo al comienzo de su interpretación, en seguida cogió confianza y nos deleitó con su magnífica voz de tenor lírico ligero, siendo capaz de mantener el fiato y la tesitura propias del rol del Duca di Mantova, en especial durante el esperado La Donna e mobile.

La joven soprano Lara Lagni cumplió y con creces con la dificultad que el rol de Gilda presentaba. Fue convincente mostrándonos la evolución personal y emocional que experimenta su personaje a lo largo de la obra. Interpretó un Caro nome quizás un poco más efusivo de lo que Verdi hubiera querido, pero a fin de cuentas, esta aria está hecha para permitir el lucimiento de la soprano.

Simón Orfila evidenció tener grandes dotes como bajo barítono, mostrando eficazmente con sus oscuros, la calaña del personaje de Sparafucile. Llegados a este punto no se puede obviar la gran presencia de la mezzo argentina Guadalupe Barrientos en el rol de Maddalena. Le dio a su personaje la fuerza que este exigía, haciendo vibrar a la sala, no solo por la sonoridad y gravedad de su voz, sino también porque era evidente que supo meterse en el rol de la mujer pasional que interpretaba.

Mario Pontiggia fue el responsable de un montaje de Rigoletto excelso, rico en matices y con una potente puesta en escena. Se rodeó de un magnífico equipo que, a sus órdenes, ofreció en estas tres funciones un espectáculo de una calidad exquisita. Todo el auditorio estuvo de acuerdo en este hecho, pues la ovación de todos en pie no parecía tener final y provocó que un emocionado Luis Cansino se arrodillara ante su público.

Crítica realizada por Celia García

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