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08.11.2019 Críticas  
Maravilloso encuentro con Marlene (y Ute)

El Teatre-Auditori de Sant Cugat ha acogido por primera vez sobre sus tablas a Ute Lemper. La polifacética artista entusiasma com Rendezvous with Marlene y amplía todavía más si cabe su holgada y fraternal visión del mundo a través de un material valiosísimo. En esta ocasión, mediante un personaje en el que desaparece y se muestra, al mismo tiempo, en total plenitud.

El espectáculo se basa en un fructífero intercambio en forma de conversación telefónica entre Ute y Marlene Dietrich. Tres horas de reciprocidad, encuentro y traspaso. Más de treinta años para asimilar, asumir y deglutir el porqué. Una figura legendaria y una (probablemente la mayor) primera figura internacional sobre los escenarios. El orden cronológico no será el mismo que el tiempo del relato dramático y musical. No es necesario. La capacidad evocadora e interpretativa de la(s) alemana(s) lo copa y alcanza todo. Sí, de las dos. Resulta muy interesante el trabajo de adecuación vocal. Teniendo en cuenta el registro mezzo-soprano de Lemper y el contralto de Dietrich, el juego es complejo en su construcción, aparentemente espontáneo en su ejecución y emocionante en su recepción.

No se trata de una imitación al uso. Más bien, estaríamos cerca de lo que en inglés se designa como “living embodiment”. En este caso, podríamos acuñar también el término “envoicement”. La estructura de la pieza es la de un concierto. Un recital y un constante vaivén entre la primera y la tercera persona. En 1988, Ute recibió el premio Molière por su interpretación de Sally Bowles en el Cabaret de Jérôme Savary. La prensa de entonces la calificó como “la nouvelle Marlene”. Una jovencísima y novísima actriz y cantante envió una postal a la leyenda (que también vivía en París, en la Avenue de Montaigne, en ese momento) pidiendo disculpas por la comparación. Qué poco sospechábamos entonces que pasado y futuro se unirían en ese encuentro. Mientras que la actriz consagrada miraba hacia atrás y recordaba una vida plagada de películas, música, romances y estrellato, la recién llegada no podía ni imaginar cómo la elección del que ahora (re)conocemos como su repertorio las uniría de por vida.

La principal novedad que aporta Rendezvous with Marlene sobre los trabajos más recientes de la de Münster es que por fin nos reencontramos con su estratosférica figura como actriz. Ya no intérprete, sino Actriz. Un one woman show en toda regla que también ha escrito y que se desarrolla a partir de un ejemplar uso de las canciones. Como testimonio y reflejo de una época, de una creencia y, sobretodo y lo más logrado y conseguido, como ejemplo y prueba de algún momento, instante vital o estado anímico de la figurada evocada. Cómo se potencia, fomenta, desarrolla y complementa la carga dramática de las letras y las aproximaciones con su figura es algo impresionante y que Ute interpreta de un modo total, demostrando, además de sus dotes evidentes y ya mencionadas como cantante y actriz, que es una gran bailarina (no olvidemos que Maurice Béjart compuso para ella el ballet La Mort Subite).

Nuestra anfitriona no está sola en esta aventura. Sus habituales Vana Gierig (piano), Romain Lecuyer (bajo), Cyril Garac (violín) y Matthias Daneck (batería) la abrazan y acompañan. Un cuarteto que es quinteto, ya que Lemper no tiene suficiente con todos los palos mencionados sino que convierte su voz, literalmente, en un instrumento de viento. Increíble pero cierto. Los arreglos son impresionantes y adecuados y las aproximaciones a las canciones oro puro. Sensibilidad y profundización a raudales. Ute consigue mostrarnos a Marlene a través de la interpretación que la primera hace de los sentimientos de la segunda valiéndose de las letras de un repertorio que, en gran parte, han compartido.

Desde los años del cabaret berlinés a las colaboraciones con Burt Bacharach. Weill, Hollaender, Brel (menudo Ne me quitte pas, one for the ages)… Juntos consiguen algunos giros arreglísticos y multilingües muy disfrutables y relevantes de temas como The Boys in the Backroom, One for My Baby, When the World Was Young, Where Have All the Flowers Gone, Blowin’ in the Wind, Just a Gigolo, Lili Marleen… Hermoso punto de encuentro entre ambas Der Blaue Engel. Lo que Dietrich inmortalizó en la gran pantalla en 1930 a las órdenes de Josef von Sternberg, lo homenajeó Lemper en el Theater des Westens de Berlín en 1992. Y así, un no parar. Hasta llegar al día de hoy y a Rendezvous with Marlene

Otro gran acierto es cómo Ute sitúa la figura de Dietrich (y, posiblemente sin pretenderlo a sí misma) como atemporal y universalmente avanzada a su época. Es especialmente relevante valorar este detalle genérico desde el punto de vista del empoderamiento femenino. Así, compartiremos detalles tan “innovadores” como su matrimonio abierto, el reconocimiento abierto de su bisexualidad y la iniciativa sexual así como su capacidad de atracción de casi todas y todos sus co-protagonistas. También la fascinación que despertaba en las principales figuras literarias de la época. Por supuesto, se rememora (aquí el vestuario resulta más que acertado) su faceta como icono estilístico, su ruptura de cualquier convención al respecto y su aspecto andrógino. Una mujer que sabia lo que quería y lo consiguió. Buena prueba de ello es este espectáculo, que demuestra el interés transversal que sigue despertando a día de hoy, en 2019.

Finalmente, que a estas alturas Lemper muestre sus inquietudes artísticas y personales con tanta generosidad (y nunca dé por hecho que su sola presencia o nombre en un cartel son suficientes) supone un acontecimiento digno de admirar. La artista no realiza dos interpretaciones iguales de un mismo tema y, al mismo tiempo, siempre nos parecerá alcanzar todos los recovecos e implicaciones de cada verso al escucharla y contemplarla. Cómo valida la calidad y legitima el rigor y actualidad de los clásicos elegidos a través del impacto de su discurso como reflejo de la Historia (pasada y presente) es la mejor defensa de su arte. El crecimiento de nuestra artista dentro de su propio material, con el que se ha coronado hace ya tiempo, es un hecho tan insólito como veraz. Un verdadero privilegio poder disfrutar de veladas como Rendezvous with Marlene (y Ute).

Crítica realizada por Fernando Solla

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