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13.09.2019 Críticas  
Reivindicación feminista en el Corral de Cervantes

La Fiesta Corral de Cervantes regresa a las calles del centro de Madrid para reivindicar el marco teatral donde progresó la dramaturgia española del siglo de Oro. Se representan cerca de una veintena de espectáculos entre los que se incluye El Amor Médico, un desconocido tributo a la mujer de Tirso de Molina.

La Cuesta de Moyano –nombre popular con el que se conoce a la madrileña calle de Claudio Moyano- es famosa por las casetas de venta de libros que se encuentran junto a la verja del Jardín Botánico pero durante los meses de verano también se puede encontrar una reinterpretación actual de un antiguo corral de comedias del Siglo de Oro, con una cuidada programación en la que me gustaría destacar El Amor Médico de Tirso de Molina.

La compañía teatral Ensamble Bufo, con la dirección de Hugo Nieto, desempolva esta comedia de enredo que gira en torno al amor y que está protagonizada por una mujer que se hace pasar por varón para poder ejercer la medicina.

Es maravilloso que la escena contemporánea siga recurriendo a textos clásicos, pero resulta prácticamente imposible trasladar sus argumentos a estos tiempos sin actualizar sus contenidos y sin hacer algunas modificaciones que agilicen las escenas o, incluso, eliminar algunos personajes prescindibles. De la adaptación se encarga brillantemente Alberto Gálvez, respetando en todo momento las expresiones de gusto barroco y sustituyendo las alusiones humorísticas de la época por otras más actuales, consiguiendo a la perfección el efecto buscado por el dramaturgo.

Un elenco de cinco actores – María Besant, Carlos Jiménez-Alfaro, Esther Isla, Jorge Muñoz y Daniel Llul– que despliega toda su energía con continuos cambios de personaje y registro, generando un perfecto equilibrio sobre las tablas. Artistas que fluyen sobre el escenario desprendiendo mucha complicidad.

María Besant como Doña Jerónima, Doctor Barbosa y Doña Marta nos muestra lo bien que sabe mezclar la comedia con la profundidad de sus personajes; Carlos Jiménez-Alfaro como Don Gaspar también nos brinda una memorable y conseguida actuación; Esther Isla como Quiteria y Doña Estefanía imparte una lección de interpretación que, como siempre que he tenido la fortuna de ver su trabajo, no deja indiferente a nadie; Jorge Muñoz como Don Rodrigo, Don Gonzalo y Rey demuestra una interpretación fresca y dinámica que engancha al espectador desde el primer momento y, por último Daniel Llull como Tello y Don Íñigo se mueve sobre el escenario con una seguridad admirable. Nos hacen saborear una interpretación redonda por parte de todos y cada uno de los componentes del elenco. ¡Qué pocas veces ocurre esto y qué maravilloso es presenciarlo!

Aprovechan muy bien el espacio escénico y los instrumentos (¡todo es mejor con música!), sacando el máximo provecho a cada recurso mientras la iluminación se encarga de acompañar en todo momento. Fabuloso final en el que ponen su granito de arena para apoyar la conciencia feminista que todos y todas deberíamos tener y para hacer una revisión panorámica de la historia de las mujeres, y de esta forma logran dejar atrás el único punto de vista único: el masculino.

Por otro lado, algo que me gusta bastante de la Fiesta Corral de Cervantes es la cercanía y complicidad que el lugar propicia con el público –sobre todo en las primeras filas- gracias a su reducido tamaño aunque los espectadores y espectadoras se retuerzan de vez en cuando por la incomodidad de las sillas.

En definitiva, el entusiasmo de los actores y actrices y el atractivo temático del festival, logran una obra que nos hace reflexionar y pasar un buen momento.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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