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08.09.2019 Críticas  
FiraTàrrega (III): Espacio personal vs. social, ¿convivir o subsistir?

Tercera jornada en FiraTàrrega 2019. Sin duda, la más intensa de todas. Tanto por la calidad de las propuestas como por su capacidad para reflejar el mundo interior y la identidad de sus creadores y protagonistas. Espectáculos que hablan del presente inmediato. Como resultado o consecuencia. Programadores del mundo, mirad hacia aquí.

Lucidez, elocuencia, fluidez y minuciosidad. Contenido y expresión unificados prácticamente en un mismo plano. Teníamos muchas ganas de descubrir Livalone y, tras la experiencia, podemos afirmar que nos encontramos ante una pieza a la que queremos acompañar y ver crecer en un futuro próximo. Francesc Cuéllar nos atrapa por su capacidad inquebrantable de mostrar una visión (personal y artística) de sí mismo sin desarrollar un personaje al uso y sí a través de distintas acciones o disciplinas. El mano a mano con Alejandro Curiel resulta muy enriquecedor. Ambos hablarán del primero en un trabajo conjunto que nos ofrece la posibilidad de descubrir la miradas interna y externa al mismo tiempo. Esto es una seña de identidad que define el lenguaje interno de la propuesta y que de algún modo certifica el pacto de verosimilitud que aceptamos desde el principio. Una aparente dispersión que nunca será divagación gratuita sino un método para impactar y fijar, también a través de lo estético, valor y contenido. Diásporas en forma de referentes y detalles que, en lugar de apartarse del camino que se quiere seguir, amplían y nos permiten conocer la realidad del protagonista de un modo distendido y al mismo tiempo profundo.

No nos encontramos ante un ejercicio narcisista, sino que se usa la primera persona para ejemplificar, reflejar y denunciar nuestra realidad geopolítica. La inclusión de incontables referentes y la invención o no de actos o situaciones que nuestro(s) anfitrión(es) han vivido en el pasado o que han servido para configurar o definir momentos determinantes en la vida del protagonista es arrolladora. No se trata la búsqueda como algo heroico sino como una necesidad y eso nos hace tocar con los pies en el suelo en todo momento. Quizá todo sea una utopía, pero esta absorbente unificación del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué sorprende por su capacidad de reconocernos tanto en el asunto que plantea como en las inquietudes y reflexiones más particulares.

Como en las mejores ocasiones, descubrimos aspectos de un tema que nos toca de cerca y nos implica, no tanto por su mención sino porque aquí se dice y se explica por un observador y creador con una actitud y voz propia capaces de configurar por sí solas el propio espectáculo. Una pieza, la de Fundación Agrupación Colectiva, que además aporta varios enteros al teatro como documento. En esta caso, sobre la burbuja inmobiliaria, la gentrificación (ojo a la certera definición de lo que esconde el término) y la especulación inmobiliaria en la ciudad de Barcelona. A destacar, la aportación de datos y cifras y su inclusión en la idiosincrasia de la propuesta y, especialmente, el sensacional talento que se demuestra para trascender y trabajar con la historia y las características del espacio donde se realiza la pieza (en este caso, Cal Trepat). También el sarcasmo con el que se dibuja esta huída forzada de un lugar (ciudad) para encontrar otro propio (domicilio) y la reflexión sobre si es en este último espacio donde uno puede vivir plenamente o, quizás, lo sean sean aquéllos que disparan nuestra imaginación o esconden nuestros actos hasta convertirse en lugares mentales y, finalmente, liberadores.

A continuación, nuestro flechazo de esta edición: La llista. Quim Bigas nos ha llevado hasta La Figuerosa. Esto implica un desplazamiento hacia los aledaños del centro de la muestra. Desplazamiento, periferia y territorio. Del espacio y de nuestro cuerpo y movimiento. Una poderosa reflexión sobre la identidad que alcanza tanto lo ideológico como lo anímico y, por supuesto, lo artístico. Danzando a través de la vida, dejando huella y permaneciendo. El artista se une a otros como Joe Brainard, Jorge Luis Borges o George Péreq (entre otros) para explicarse a través de la obsesión compulsiva de realizar listas. De pertenecer a una de tantas o a muchas. Las que elegimos o las que nos incluyen sin que hagamos nada. Cada movimiento equivale a un susurro al oido. No se trata de embellecer la realidad del artista sino de mostrarla ante todo y contradiciendo a todas las negativas que haya (o hayamos) podido recibir.

Una pieza que abre la feliz posibilidad de poder convivir, tanto en un espacio personal como social, con libertad. Por tanto, uno de los mayores ejercicios democráticos que las manifestaciones artísticas pueden transmitir. La reflexión es fructífera. ¿Existe, en las listas, la posibilidad del encuentro y de establecer relaciones? ¿O de algún modo éstas nos reducen y etiquetan? En este contexto enumerativo era fácil disgregarse, pero aquí esto nunca sucede, sino que se convierte en valor añadido y máximo estandarte para propiciar la tan ansiada posibilidad del encuentro. Un espectáculo que siempre nos sitúa ante lo súbito e imprevisible pero nunca desde una vertiente brusca, sino todo lo contrario. El magnífico (y muy generoso) acompañamiento de Bigas a través de los movimientos (también de las palabras listadas) y el uso de alegorías a través del desplazamiento y de la utilización de objetos, materiales y ese maravilloso hilo rojo que lo une todo y a todos, nos regala un soplo de aire fresco. Una opción con alto potencial didáctico para las emociones y los sentimientos. Una invitación. También un retorno tras y durante el desplazamiento. Una propuesta que no se puede dejar escapar que termina con los barrotes mentales que podamos tener y nos libera de los que tengan los demás hacia nosotros.

Un espectáculo que dibuja, redimensiona y reafirma con una sensibilidad y expresividad física delicadas y penetrantes la cartografía de lo que podemos llamar nuestra propia identidad. Tanto el espacio como la distribución de los espectadores y, por supuesto, la ejecución de Bigas y sus cómplices nos ha dejado profundamente emocionados. Un artista que consigue revocar esa máxima que dice que algo o alguien, uno mismo, no es real hasta que no se traduce en palabras. Aquí se hace en movimientos y en común, apelando a la relevancia de la disciplina de la danza y las artes del movimiento como reafirmación del ser, del yo y, en conescuencia, del nosotros. Nuestra perla de esta edición de FiraTàrrega.

Seguimos con otro de los platos fuertes. Se trata de Versiones parciales y erróneas de mi vida y mi gloria. Propuesta incendiaria y persuasiva donde las haya. Glòria Ribera Gibal nos ha dejado noqueados con una de las interpretaciones más potentes que hemos visto estos días. Una reflexión (también explícita) pero especialmente bien desarrollada a partir de las distintas disciplinas convocadas y de un cohesionado lenguaje interno sobre qué significa a día de hoy un espectáculo de creación, si es que todavía eso existe como tal. Estudios que revelan que la leche de vaca es potencialmente peligrosa para la estructura ósea de los consumidores. Productos suministrados a la masa social desde el poder dominante. Todo esto a ritmo de cuplés y tangos, entre otros géneros musicales excelentemente ejecutados.

Versiones de las canciones que lo son porque los arreglos no tienen una finalidad únicamente estética, sino que a partir de los mismos y del acercamiento a otros más “actuales” se explica qué ideología escondían tantos las piezas que se escuchaban entonces y cómo (de manera elidida) lo hacen también las de ahora. Ribera se muestra vocal e irreverentemente impecable. Huyendo de corsés dramatúrgicos al uso y con una coherencia infranqueable se reivindica la igualdad de género y se denuncian las desgracias de la supremacía socio-política. Tanto en lo formal como en el contenido. Una artista que es también una gran comunicadora y que sorprende por su capacidad de análisis de temáticas y de formatos hasta igualar ambos aspectos en una propuesta que se acerca a la transgresión estructural que muchas otras prometen y que en pocas ocasionas alcanzan.

Nos encontramos ante una propuesta que, además, supone un gran acto de resistencia cultural y de recuperación del patrimonio, especialmente musical. No como algo obsoleto ni con una mirada cómplice o nostálgica sino derrumbando y desmenuzando su verdadero significado (el de entonces y el de ahora). Además, se evidencian sus posibilidades y su relevancia como crónica social, detalle indispensable y que justifica la necesidad de estas Versiones parciales y erróneas de mi vida y mi gloria.

Por último, hemos vuelto a Cal Trepat, donde Mambo Project presenta La festa. De las cuatro, la propuesta que más potencial para seguir desarrollándose contiene, sobretodo teniendo en cuenta su naturaleza experimental (y que depende en gran parte de la participación del público). Nina Solà dirige esta pieza que nos explica en ocho etapas o movimientos todos los estados anímicos que nos sacuden cuando entramos en un local donde pinchan música electrónica. La asimilación de las fases del enamoramiento con las del techno está muy conseguida. Es cierto, que (de momento) más que explicarse se nos incita a vivirlas y que eso puede derivar en un espectáculo insistentemente conduccionista. También lo es que la capacidad para transmitir, acompañar y estimular de Jordi Font es tan enérgica como efectiva. Complicadísima labor que se traduce en una expresividad que logra transmitir todos los estados por los que debe transitar con una verosimilitud tan eficaz como valiosa.

Especialmente destacable el trabajo colectivo y el acompañamiento de todos los intérpretes, además de Font, que asimilan desde que entramos hasta el final un rol dentro del personal de una fiesta o discoteca. No sería justo desvelar detalles demasiado concretos porque, insistimos, La festa merece descubrirse y disfrutarse en primera persona. No solemos encontrar espectáculos en los que lo multidisciplinar y las artes en vivo se lleven tan al extremo y, realmente, esas pulsaciones primarias (esos beats) y esa euforia se nos trasladan en muchos momentos. Gran trabajo de Marc Naya como Dj y de Mario Andrés en la iluminación, seguidos por el vestuario de Helena Torres y los audiovisuales de Júlia Girós y Carlos Gallardo, respectivamente. De su trabajo conjunto se consigue que en ningún momento abandonemos la sensación de estar en una fiesta y no ante un espectáculo, así que, ¡misión cumplida!.

Cuatro espectáculos que nos remiten a lo dicho más arriba: Programadores del mundo, ¡mirad hacia aquí!

Crítica realizada por Fernando Solla

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