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13.09.2019 Críticas  
Edipo violador

Trasladar un debate tristemente actual como las violaciones, al teatro, como lo hace Pilar G. Almansa con El Buen Hijo, y además hacer plantearse a la audiencia su postura contra los delincuentes sexuales, de una forma tan inteligente y elaborada, es la gran baza de este estreno en los Teatros Luchana.

Tirso “El Cachorro” (Josu Eguskiza) se encuentra en prisión tras ser condenado por una violación que el perjura no haber cometido. Fernanda (Rosa Merás) le guía en sus sesiones para eliminar de él esas distorsiones cognitivas que le hacen negar su delito y su versión de lo ocurrido esa noche. La relación entre ambos, y sus vidas fuera de la sala, irán marcando el desarrollo de la trama y su interesante desenlace.

Cecilia Geijo dirige a Rosa Merás y Josu Eguskiza, con dramaturgia de Pilar G. Almansa, en este drama penitenciario, con toques de thriller, con una cuidada ambientación y un meticuloso estudio de las dinámicas entre internos y el funcionariado, y de los engranajes jurídicos en el tratamiento de los delitos sexuales. Ambos intérpretes mantienen el alto nivel que requiere un texto de Almansa, y ahí el esfuerzo de la dirección de Geijo, se nota. La Fernanda de Merás es poderosa, como todos los personajes femeninos de la dramaturga, y sus inseguridades son convertidas en fortalezas para luchar contra la imponencia del Tirso de Eguskiza, al que uno nunca consigue bajar la guardia, por esos vaivenes de su personaje en el que asoma la verdadera personalidad de esta persona “normal” que defiende su inocencia.

Generar conversación, posicionarse ante las situaciones que se plantean en escena, y sacar conclusiones sobre lo que uno pensaba antes y después de salir de la sala, tras montajes como El Buen Hijo, es lo que hace que la experiencia teatral sea relevante y necesaria en la sociedad. El complejo de Edipo, la gestión de la ira, la sinceridad en todos los aspectos de nuestra vida, y hasta la pulsión sexual incontrolable, escudándose en la biología, es una muestra de lo se plantea en la obra, y es un perfecto complemento teatral a lo que supuso la irrupción en escena de Jauría, de Jordi Casanovas, la pasada temporada, en el Pavón Teatro Kamikaze.

El Buen Hijo es ese montaje del que se empieza a correr la voz, y comienza a llenar función tras función, como ya ha ocurrido con el Mauthausen de la misma Pilar G. Almansa en Nave 73, o Cama, que vuelve a los Teatros Luchana, siendo esto ya la confirmación de que Pilar es una revienta taquillas y sus proyectos, los sleepers oficiales de las últimas temporadas, revelaciones que uno puede llegar a recomendar, siendo éxitos asegurados, y cuyo salto a las grandes salas y teatros, es inminente.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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