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04.09.2019 Música  
She is our strange addition

Billie Eilish pisa por segunda vez este año la capital barcelonesa para realizar el primero de los dos conciertos que la cantante estadounidense realizará en territorio español esta semana. She’s the bad guy but really is our strange addition.

Es la segunda vez que Billie Eilish visita Barcelona este 2019. La visita anterior (9 de marzo) despertó tal expectación que el Sant Jordi Club (la sala pequeña del estadio barcelonés), se quedó pequeño para albergar su visita. Inmediatamente, la productora anunció una nueva visita de la cantante a principios de Septiembre, programando el nuevo concierto en la plaza principal del Poble Espanyol. Las entradas literalmente volaron y la presión del público animó a que Billie regresara por la puerta grande.

Billie Eilish ha llenado el Palau Sant Jordi de Barcelona. Un gran éxito, ya que cuando hay cambios de salas al Palau Sant Jordi es para instalar el escenario a medio Palau obtenido más capacidad de público pero sin utilizar la totalidad del estadio. No ha sido así. Billie ha llenado el Sant Jordi hasta los topes. ¿Qué será lo siguiente? ¿Llenar un Estadi Olímpic?

Vamos a lo importante, ya que la noche se mostraba atractiva e interesante. Si alguna vez has disfrutado del pop oscuro de Billie Eilish, te habrás preguntado: ¿qué directo presenta? ¿Es un show para un Sant Jordi? Pues en respuesta a tu pregunta: Ella sola se basta para impresionarles.

Billie tiene un estilo de música hipnótico. Tras la salida a la luz de su último álbum, “When We All Fall Asleep, Where Do We Go?” (a la venta desde el 29 de marzo; pocos días después de su primera visita a Barcelona), su popularidad ha crecido a tal nivel que ha puesto todo su empeño para que sus canciones y ya míticos videos “bad guy” o “bury a friend” tengan un directo a la altura de lo que disfrutamos en el televisor de casa.

Tras un previo amenizado por el rapero, cantante y compositor estadounidense MadeinTYO (Made in Tokyo), el público gritaba la presencia de su nueva diva gótica a la espera de recibir el compendio de singles dorados que la cantante atesora en tan solo dos álbumes.

Puede que el pop de Eilish sea oscuro pero ella no duda en llenar de color su puesta en escena. Ese es gran parte de su juego. Multitud de luces, una gran pantalla led con unos visuales poderosos y un escenario de leds en base romboide nos deja maravillados. Ella sabe sorprender; y lo deja bien claro desde el inicio del show con “bad guy“, “my strange addiction” y “you should see me in a crow“. Tres canciones que se han vuelto icónicas en su último álbum y con las que ya se pudo avanzar lo que le gusta jugar con el público.

A raíz de su último concierto en Milán, la cantante apareció en el escenario con una bota ortopédica en su pie derecho. Así explicó que, de nuevo, se había lesionado en un concierto haciéndose un esguince, por lo que este se juntaba al que ya estaba curando en su pierna izquierda. Por ello, pedía disculpas si no podía dar la totalidad de la energía que muestra en el escenario y que ella necesitaba que el público la ayudara con ello; ya que su calor la encendía a continuar. Así lo fue ya que, aun con la bota ortopédica, Eilish no paró de saltar y correr por el escenario sin avisar de la presencia de la bota. Lo dio todo, aun sabiendo que fuera del escenario camina apoyada en muletas.

Sus éxitos se sobrevenían uno a uno envolviendo el ambiente del Palau Sant Jordi en un griterío ensordecedor. Sus fans no dudaron en cantar y gritar durante todo el concierto y la sensación que sentíamos en nuestros asientos fue incomparable a cualquier otro concierto vivido en el recinto. Sonaron “watch“, “/&burn“, su gran y celebrado éxito del primer álbum “COPYCAT” y “WHEN I WAS OLDER“. Grandes hits que la cantante atesora y que levantaron al público. Tras ello, rebajó un poco el tempo del concierto con “wish you were gay” y “xanny“, canciones algo más tranquilas que pensábamos que calmarían la histeria del público, per no fue así. La acompañaron al cantar ambas mientras se sucedían los gritos de felicidad de los asistentes.

El concierto llegaba a su ecuador y Billie lo disfrutaba. Su rostro de felicidad la delataba al ver que casi ni podía hablar con el público de los gritos de felicidad y energía que recibía. A ella le encanta recibirlos y los disfruta mientras se pavonea y juega con el público desde el escenario. Tras ello, sonaron “all the good girls go to hell“, “ilomilo“, “bellyache” y “bitches broken hearts“.

Y llego el momento más íntimo de Billie Eilish en el escenario. Cuando recordó que junto a ella en el escenario estaban Andrew, su batería, y en la guitarra, bajo, teclado y coros, estaba su hermano Phineas. Junto a él, Billie ha creado todos los temas de sus álbumes, ya que son co-escritores. Así que quiso recrear, junto a él, la escritura de tema “i love you” que realizaron una noche a las 2 de la madrugada tumbados en la cama. Una canción de ritmo lento y acompasado que se escenificó en una cama blanca antigua de hospital mientras flotaban por el universo entre estrellas. Tras ello, y para finalizar el concierto, sonaron “ocean eyes“, “when the party’s over“, canciones que quiso cantar sentadas en un taburete alto para interpretarlas correctamente, y terminar la fiesta con la esperada “bury a friend“.

Billie Eilish se despidió del público y marchó del escenario. Todos sus éxitos habían estado interpretados, todo lo esperado había sonado, pero el público quería más. Y como a ella les gusta darles lo que les pide, la cantante estadounidense volvió al escenario para cantar una versión reducida de su éxito “bad guy“; canción con la que había iniciado el concierto. El show levantó de nuevo al público quien disfrutó, como Billie sobre el escenario, los últimos minutos del show. Al acabar, la cantante y su equipo se despidieron del público mientras la canción final de su último disco, “goodbye” sonaba por los monitores.

Está claro que Billie Eilish es una de las nuevas divas de la música. Su estilo es imposible de clasificar dentro de la música actual, ya que sus éxitos no se parecen en absoluto a ningún otro artista que esté o haya estado en escena. Algo que ha sabido localizar y, así, focalizarse en crear grandes éxitos sin precedente. Aunque el tipo de música se pueda escuchar triste y oscura, sus directos son puro fuego y locura. Con la compañía de su hermano Phineas y el batería Andrew, Billie se basta y se sobre para crear un show que es digno de una artista con más de dos discos a sus espaldas. Billie Eilish sorprende gratamente en directo y sabe cómo llevar el ritmo del show; calmando al público cuando lo necesita y levantándolo a saltos cuál mero canguro cuando lo desea. Si la cantante consigue esta participación y venta con solo dos álbumes, lo que le depara el futuro no es incierto. Es simplemente éxito. ¡Bravo!

Crónica realizada por Norman Marsà

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