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10.07.2019 Críticas  
Palabra de Ifi

El must, con mayúsculas de la pasada temporada o la presente, o de todas las temporadas, llega de re-visita al Pavón Teatro Kamikaze, Iphigenia en Vallecas, saltando ahora a La Sala. Expectación, repetidores, y atrasados, entre el público, para  que Ifi nos relate su drama.

Ifi nos ha convocado en su patio de juegos, o quizás, ni siquiera le ha hecho falta, porque hemos ido solos, sabiendo que estará allí. Ifi tiene algo que contarnos, porque ya se ha hartado de las malas caras, de que le eviten, de ser puesta como ejemplo de todo lo malo de la sociedad. Ifi considera que estamos en deuda con ella, y está aquí para cobrársela.

María Hervás, dirigida por Antonio C. Quijosa, y adaptando ella misma el texto original de Gary Owen, Iphigenia in Splott, se presenta como una arrabalera nini, de maneras discutibles, actitud quincallera, y lenguaje explícito, como dirían los americanos. Saltamos del Sur de Cardiff al sudeste de Madrid, a Vallecas, como ejemplo de zona deprimida y azotada por la baja escolaridad, desempleo, alcoholismo y drogadicción. Esto, si me lo ubicasen en los 80, de cuyas “rentas” vivimos los vallekanos (me acabo de descubrir), me lo comenzaría a tomar como una especie de realidad distópica en la que yo podría ser el vecino de Ifi y la Silvi, y donde tomaría vermuts en el bar de su abuela.

Iphigenia en Vallecas no la concibo como una versión del mito en el que ella fue sacrificada por el bien común, sino por la que fue sustituida y rescatada, antes del sacrificio, transportada a Táurica, y convertida en sacerdotisa de Artemisa, con el cometido de sacrificar a los extranjeros como ofrenda. La Ifi de María Hervás es una loba con piel de cordera, cuyas intenciones distan del altruismo y el ofrecimiento de buena fe de su propia vida: todo se aproxima mas a contar su visión totalmente sesgada de los hechos, en los que, no le falta razón en la traición amorosa que sufre, o la mala praxis que recibe cuando necesita la mejor de las ayudas, pero no debemos olvidar que son su actitud vital, su enfrentamiento ante cualquiera que le aguante la mirada o se le enfrente, le han hecho ganarse esa mala fama que le aqueja, y su discurso final no es mas que hacer sentir culpable a su audiencia de todos sus males, y exigir una disculpa global.

Esta Iphigenia en Vallecas revanchista ni me representa, ni logra que sienta un ápice de empatía por ella: asi nos las gastamos en Vallekas, y asi se las gasta ella. Me gustaría que alguien le dijese que no culpe al universo de lo que le ocurre, cuando es puro karma de vuelta. Solo hay un momento, en el que recibe un claro revés y es ese “día después” y esas semanas, en las que en su burbuja ilusa, confía en recibir ese mensaje, esa llamada de esa persona tan especial que has conocido, y que para ella supone una especie de epifanía. Todos hemos pasado por ello, en más de una ocasión, y es algo que no se debe desear, pero viene porque hay gente que es una basura, aunque sea basura tarada, y nada tiene que ver con el contexto social en el crezcas o te relaciones, porque en la cama, entregados al folleteo, no hay etiquetas, ni siquiera de la ropa, que nos represente.

Apartando al personaje del que tengo toda la curiosidad de aproximarme al original, para percibir si el carácter es igual de victimista que la adaptación patria; y acercándonos a la artista, yo hace unos meses me confesé con respecto a María Hervás, y ahora ya sería repetirme, pero diré que ahora ya puedo llegar a entender la fascinación que desprende o la entrega que le pone a la gran mayoría de sus personajes. María Hervás en escena es una intensa, de niveles estratosféricos, y es tal su viaje al interior del personaje, que en breve no me extrañaría que se estudiase en las escuelas de interpretación “el método Hervás“. La labor de dirección es crucial en sus últimos trabajos, y si ya en Jauría los resultados con Miguel del Arco fueron excelsos, aquí Antonio C. Quijosa ha abusado del “griterío” de Ifi y el exceso de aspaviento, que cuando cesan, es cuando el personaje atrapa y logra que centres la atención en lo que dice y no cómo lo dice: la Ifi chunga, residente en Vallekas roza la caricatura del barrio bajo, aunque algo no le quitaré de verdad, pero de verdad demasiado acelerada.

La carrera de María Hervás está direccionada al éxito, haga lo que haga, y como ya está sucediendo, todo aquel proyecto en el que se involucre, centrará la atención del público y de los medios, solo por ser ella. Iphigenia en Vallecas está destinado a ser lo que Cinco Horas con Mario es a Lola Herrera, Medea es a Aitana Sánchez-Gijón, Fedra a Lolita, o Lulú a María Adánez. Ifi no va a contar conmigo entre sus filas, instándome a esa rebelión que ha debido leer en el Lecturas, aunque el mensaje sea justo, real, y extremadamente necesario. Quizás su texto no deba ir ya por esa política de recortes y merma de sanidad pública, sino por la limpia que los nuevos partidos de extrema derecha quieren hacer, de los sectores minoritarios de la sociedad, a los que agitan y provocan para poder ponerse ellos mismos, el cartel de victimas reales de todo.

Si vayan por donde vayan los tiros del mensaje de Iphigenia en Vallecas, al menos un cuarto de toda esa audiencia que llena y llenará las funciones hasta finales de julio, decide actuar con pequeñas rebeldías contra el sistema, algo bueno se logrará y aunque a Ifi todo eso se lo sude, podrá sentir el orgullo de haber conseguido ser un poco menos paria.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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