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12.06.2019 Críticas  
Morales se estrena en el Romea con Zweig

Termina esta semana el estreno de Iván Morales como director en una producción propia del Teatre Romea de Barcelona. La partida d’escacs es la obra póstuma del dramaturgo austríaco Stefan Zweig donde en clave de tragicomedia el autor expone y reflexiona sobre una variedad de condiciones y emociones humanas.

Jordi Bosch es el encargado de presentar ante el público la historia del senyor B, la persona que se atreverá a desafiar, durante un crucero, al ganador mundial de ajedrez Mirko Czentovicz. Bosch interpreta al narrador de la historia, a Czentovicz, al senyor B y hasta un camarero del barco. Ese ejercicio extenuante en el que realiza monólogos, diálogos, baila, se ríe, pero también sufre hasta rozar la locura, es el que confirma en Bosch el título de actor versátil en la escena barcelonesa y es uno de los destacables de la función.

El montaje de La partida d’escacs es uno que va in crescendo. La inicial aparición del narrador y su superpuesta simpatía y, en cierta manera, exagerada sobreactuación se hace al principio algo chocante. Aunque uno también siente que de, alguna manera, eso es parte evidente de un juego que va a cambiar de color. Ese cambio de tono es, sin dudarlo, el otro punto fuerte de la obra y es cuando llegamos a ese punto, que la disfrutamos profundamente.

Sin embargo, la función flojea un poquito a la hora de conseguir encandilarme. Es un buen trabajo, no hay duda alguna. Tanto en la dirección, como en el texto, como en la escenografía y el sonido ambiental. La exposición inicial sobre la monomanía es muy atractiva. Las historias que el narrador nos cuenta de los diferentes personajes son de lo más interesantes. Morales ha escogido una buena pieza para hablarnos de la superación humana que nos ayuda a reflexionar. El trabajo de Salicrú en el espacio escénico es muy llamativo donde solo aparecen 2 sillas, 3 enormes lámparas de araña y unas altísimas cortinas como telón de fondo iluminadas en color púrpura, así como el sonido del que se ha encargado Clara Aguilar. Todo el conjunto, muy teatral, hace que te sientes en la platea del Romea pensando: “A ver que nos depara la noche…” Y, la realidad, es que no hay un defecto de forma que señalar. Solamente, que no sales del teatro tan deslumbrado como en otras ocasiones (como, por ejemplo, me pasó con La calavera de Connemara del propio Iván Morales). Eso no es un defecto en sí mismo. Pero siento que la honestidad me obliga a mencionarlo.

Y, a pesar de esas sensaciones personales, la recomiendo. La recomiendo encarecidamente. Porque, como he dicho, es un buen trabajo. Es una obra que hay que ver para entender muchas cosas, algunas hasta de uno mismo. Porque el actor, el director y el equipo técnico son muy buenos y saben lo que se hacen. Y, porque, a nivel entretenimiento, La partida d’escacs ofrece uno grande. Se acaba esta semana, por lo que no lo dejen mucho y vayan ya.

Crítica realizada por Diana Limones

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