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30.05.2019 Críticas  
El suculento guiso de tu chaqueta

Nave 73, comprometidos con el Surge Madrid, programan este El Abrazo, confiando en la sabiduría y trayectoria del “sello Werner”, donde dos expertos en el campo, dan una lección contra el “ageism” y la invisibilización de los afectos maduros.

Dos personajes, Él y Ella, cruzan sus caminos, en plan búsqueda individual de algo que no encuentran, ni bajo su falda, ni en el bolsillo interno de la chaqueta, ni bajo el inclemente tiempo que se avecina. El comienzo de la tormenta, marca el destino de ambos y les une para, al menos juntos, ayudarse el uno al otro a encontrar eso que anhelan y que les ahoga.

El Abrazo es una pieza coreográfica sencilla, sentida, y accesible. La única sección “dialogada”, con cierta auto-parodia, en la que Carmen Werner toma las riendas de la dirección, e indica a Leyson Ponce la coreografía a seguir, los movimientos a obedecer, emulando a clásicos contemporáneos como la expresionista Mary Wigman,  con mucho sufrimiento; es el respiro que permite este montaje, ante la intensidad dramática de estos dos cuerpos en busca uno del otro.

Es admirable, y quizás muy tópico, mencionar que ver a dos artistas con edades ya elevadas, cargando sobre sus espaldas el peso de un montaje estrictamente físico, es un gusto absoluto y un aliciente para abanderar la causa, tan extendida en el mundo del arte, de que pasada cierta barrera (los 40 marcan muchos), las mujeres son ninguneadas y abocadas al olvido, y si esta proclama es sobretodo, contra artistas “de texto”, interpretar una pieza de danza, es una vuelta de tuerca más ante este cruel destino. Carmen Werner se expone en toda su gloria física, y Leyson Ponce derrocha técnica y expresividad.

El recorrido emocional que Werner y Ponce interpretan ante la audiencia, transmite un sentimiento de entreguerras, de ciudadanos desprotegidos a la intemperie, sufriendo las inclemencias de la lluvia, buscando refugio bajo una chaqueta inmensa que se pliega y se repliega, en la que guarecerse. El Abrazo es igual de agradecido que las patatas o los garbanzos a los que tienen acceso sus personajes: con poco que les añadas, destacan, y este acercamiento honesto y humilde, a la danza contemporánea, es la sal que potencia el sabor de un guiso cocinado a fuego muy lento.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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