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20.05.2019 Críticas  
Striptease bíblico

Tras Mount Olympus, Jan Fabre trae a Madrid The Generosity of Dorcas, un solo de danza para Matteo Sedda, en el Teatro Pavón Kamikaze, que prometía ser uno de los eventos escénicos del año.

Dorcas fue la única discípula, catalogada como tal por Lucas, en las sagradas escrituras, y sus buenas acciones y su misericordia fueron descritas. Dorcas se dedicaba a hacer prendas para viudas en situación de necesidad, y tras morir en el 36 dC, Pedro la resucitó, siendo este el único caso de resurrección a manos de un apostol, reportado en el best seller católico. De aquí, The Generosity of Dorcas, un tributo a la mujer costurera, entregada a la buena causa, a manos de un voluntarioso bailarín, homenajeado por su director.

Como si de un spin-off se tratara, la comuna “mount olympiaca” debería haber agotado entradas para este espectáculo de Troubleyn/Jan Fabre, y la sensación con la que se queda uno, ante el flojo panorama butaquil es que o Matteo Sedda no era uno de nuestros guerreros de la belleza favorito, o que a Fabre le ha pasado factura el #MeToo que le aplicaron en Barcelona al cancelar la representación de la maratón de 24h, y el público madrileño se está vengando con esta taquilla.

Una preciosa escenografía diseñada por Jan Fabre, con bellísimo diseño de iluminación, que convierte los hilos de colores y las colosales agujas que penden sobre Matteo Sedda, en una catedral textil, donde se oficia esta liturgia danzante en comunión con la congregación de la platea. Conceptualmente sencilla, la coreografía gira en torno al striptease literal del intérprete, entregando generosamente al público todo lo que tiene: su ropa, sus movimientos, su arte, y su persona.

La dramaturgia de Miet Martens en conjunción con la música de Dag Taeldeman, envuelven al público en música electrónica de potentes bajos, sensuales acordes, y extasiantes repeticiones, pudiendo categorizarla como música electro-sacra, de la que yo comulgo. Matteo Sedda enhebra movimientos de ballet clásico, hilvana pasos de vogging, y todo para crear este tejido estético y coreográfico de gran impacto visual pero desconcertante en el concepto.

Siendo este un homenaje, esperaba un lucimiento pleno del bailarín, a cuyo personaje no le son necesarios los guiños cómicos que solo una persona de la audiencia apreciaba, y que únicamente en el tramo final, en la simulada resurrección de Dorcas, cobra fuerza el montaje, según gana en oscuridad y abandona los juegos de luces que conectaban con un paisaje desértico americano, para transportarnos a una cripta oscura donde se acelera la pérdida de prendas, y The Generosity of Dorcas termina por ofrecérsenos plenamente.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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