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08.05.2019 Críticas  
Bach en clave de danza

La Compañía Antonio Ruz presentó Double Bach en la Sala Cuarta Pared de Madrid como parte del ciclo de danza MoverMadrid. El músico Pablo Martín Caminero y la bailarina Melania Olcina protagonizan este espectáculo, que explora las relaciones entre las artes en torno a las Suites para violonchelo Nº 1 Y Nº 2 de Bach.

Ambos intérpretes se mueven en un rectángulo blanco, en la nada, o en los comienzos de la creación artística. Martín Caminero aparece en escena solo, concentrado en la oscuridad, de pie con su violonchelo; aunque inmóvil durante los primeros minutos, termina por adoptar diferentes posiciones, dentro y fuera del rectángulo, recibiendo la luz en los momentos de mayor conexión con Olcina.

Ella aparece tímida y se lanza al escenario, interpreta cada nota con su cuerpo; es un animal, a veces ave, a veces perro, que sigue a su dueño hasta los confines de la música; es, quizá, su musa, o el pincel en el lienzo desnudo; es el pensamiento del intérprete. Veloz y juguetona, en ocasiones, mira fijamente a su interlocutor, le lleva la contraria y le apoya, da pequeños saltitos, expresa con su cara, sus ojos y su boca la curiosidad, la osadía y la compenetración con ¿su guía?

Los momentos más ágiles y cómicos anticipan la ternura, delicadeza y sensualidad entre los artistas, su desnudo emocional, como sucede en el instante en que la bailarina y el músico se fusionan; ella le quita la camisa, que cuidará hasta el final de la obra. La belleza de estas últimas escenas se debe sobre todo al uso de la luz, que forma caminos paralelos en el espacio en blanco y entre los intérpretes, y a los movimientos que, aun sutiles, evocan la profundidad del alma y realmente sacuden al espectador.

Double Bach es un homenaje a la música de Bach y a la danza, a la influencia de las artes; un trabajo multidisciplinar que combina sentimiento y técnica, agilidad y profundidad, seriedad y juego, pulcritud y caos. Tremendo el trabajo emocional e interpretativo de Martín Caminero y Olcina. Eso sí: no es un espectáculo al uso, es un proceso creativo, casi una investigación, con la lentitud, e incluso desasosiego, que ello conlleva y, por lo tanto, requiere de un espectador paciente, observador, detallista, comprensivo, dispuesto a explorar junto con los intérpretes la poética de cada nota, cada paso, cada repetición, cada respiración.

Crítica realizada por Susana Inés Pérez

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