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17.04.2019 Críticas  
Una cosa hay en la vida

Prorrogando en El Umbral de Primavera durante los domingos de abril, las tres hermanas de Las Cosas Buenas son una excelente muestra de la genuina comedia involuntaria argentina, sacando la brillantez y lo hilarante del drama de una familia mal avenida.

Nené (Soledad Caltana) espera junto a la ventana a que Pilar (Noelia Noto) regrese de allá donde se haya ido a deambular, para que le de el relevo a cargo del proyecto de “drugstore” que se traen entre manos. En estas se encuentran cuando Malú (Majo Cordonet) llega al lugar para visitar a sus hermanas con el fin de que le ayuden a salir de un apuro vital.

La sencillez argumental de Las Cosas Buenas de Victoria Facio y Pablo Rojas, sirve para mostrarnos la cara menos amable de las relaciones familiares, supeditadas al egoismo y las apreturas económicas, en un marco adverso como es el actual en Argentina. Podría estar ambientada en la actualidad, como en la crisis del corralito del 2001, porque las circunstancias de estos tres personajes, por distintas razones, están regidas por esta falta de efectivo disponible con el que hacer frente a las necesidades diarias.

La escenografía de Pablo Rojas nos transporta a la cochambre de esta vivienda que vio tiempos mejores, pero que ahora actúa de kiosko de dulces caducados, a mitad de precio, caballitos de mar que miden la humedad ambiente, bragas, cubitos de playas, y pirotecnia tradicional con poca estabilidad. Soledad Caltana interpreta a la hermana menor, la que no debe dormir para hacer frente del negocio, ya que es la encargada, nombrada por el cerebro de toda la operación emprendedora de la hermana mayor, Noelia Noto, una especie de homóloga argentina de Cecilia, “la del Ecce Homo” de Borja, dedicada a la bohemia y a la reproducción eccehómica de obras como La Gioconda, que preside la sala. Majo Cordonet trae a la casa el ritmo del conurbano, con su celeridad, inmediatez, y la presión de aquel que le va pisando los talones.

Es claramente brillante la labor de dirección de Victoria Facio, que dando apenas unas pinceladas de cada personaje en los primeros quince minutos de la representación, no solo logra que veamos en nuestra mente el recorrido vital de estas tres mujeres, sino que nos transporta a ese protonegocio y esa casa en ruinas, como si la audiencia fuese un invisible habitante más. Soledad Caltana transmite tal ingenuidad extrema, indecisión e inmadurez que el desenlace de su personaje se antoja entre evidente y cruel; Noelia Noto es una villana lisiada, egoista y manipuladora, que cuenta con la sabiduría otorgada por la edad, y cuya sorpresa es casi nula ante el devenir de los acontecimientos. Ella sabe que Las Cosas Buenas no son más que breves destellos de bienestar utópico, entre la oscuridad provocada por la rutina y las expectativas. Majo Cordonet dibuja su personaje desde la propia caracterización, y sin necesidad de emitir ningún parlamento, uno ya identifica la personalidad y trasfondo de Malú; es quizás el personaje con mayor carga gestual con el que expresar más con menos palabras, y el resultado es notable.

Coincidí en la sala con mi amiga E., amante como yo de todo lo argentino, y ella misma expresó que Las Cosas Buenas tiene el plus de transportarte a una sala de teatro de Buenos Aires, ese que cada vez que es exportado cosecha éxitos inmediatos (como este), y que ciclos como este, organizado por El Umbral de Primavera, nos regala la oportunidad de disfrutar de esa calidad del “teatro che”, que aquí solo podemos llegar a vislumbrar cuando maravillas creativas como Pablo Messiez o Fernanda Orazi, por citar dos ejemplos, programan alguno de los sus proyectos en el país.

Cristina y los Stop cantaban en 1967, que tres cosas (buenas) hay en la vida: salud, dinero y amor. Para estas tres hermanas de Las Cosas Buenas, solo hay una, y consiguiéndola en algún momento, será la única vez que le podrán dar gracias a Dios.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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