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15.04.2019 Críticas  
Esta noche Nina canta para mi

El Ambigú del Teatro Pavón Kamikaze acoge desde hace muy poco, la última creación de Pablo Messiez, La Otra Mujer (Un Concierto), y agotando entrada en todas sus funciones, el público asiste a una velada musical dramatizada por una excelsa Guadalupe Álvarez Luchía.

Nina ha preferido quedarse en el bar, a puerta cerrada, para ensayar y poner en orden su cabeza. En la concurrida soledad, con el público asistente, y acompañada por un silente pianista, Nina ensaya el papel de otra Nina, la de La Gaviota de Chéjov, ayudada por el poder sanador y tranquilizador de Nina Simone, cuyas canciones entona bajo la tenue luz de la sala. Intimidad, clarividencia, y cauterización de heridas al ritmo de la música.

Guadalupe Álvarez Luchía regala una Nina brillantemente dibujada por Pablo Messiez, con la sensibilidad que poseen todos sus personajes, con una voluntad de hierro por sobreponerse a las adversidades y superar las barreras. Guadalupe canta, bebe, y ofrece una interpretación a la altura de las más grandes, con ese talento innato para transmitir tanto con solo recitar un texto, que no parece un texto, sino sus propias palabras. Su Nina va creciendo según avanza la velada, y uno termina el recital con una sonrisa de oreja a oreja y una sensación caliente en el pecho.

Al piano le acompaña Juan Ignacio Ufor, silencioso, obediente, entregado desde mucho antes que comience el espectáculo, amenizando la entrada de espectadores al Ambigú, donde se desarrolla la representación, y a la que han incluido un servicio de bar. Por fin este espacio, en muchas ocasiones hostil y a contra de la calidad de la representación (innegable que sus sillas son criminales, y la visibilidad en muchas ocasiones es claramente deficiente), pero con este La Otra Mujer (Un Concierto), el lugar cobra protagonismo, y sentido, en parte gracias al inteligente uso de la luz de Paloma Parra.

La Otra Mujer (Un Concierto) sigue la estela de otros espectáculos musicales, o conciertos dramatizados, con el máximo ejemplo de “El Intérprete” de Asier Etxeandía, o el repuesto recientemente, “Miguel de Molina Al Desnudo” de Ángel Ruiz. Este tipo de veladas mágicas debería ser recuperado y extendido, y más cuando se cuenta con talentos titánicos como el de Messiez. La Casa Azul ya lo cantaba, y Pablo Messiez lo ha hecho realidad: “Esta noche Nina canta para mi, y hace que por un momento sea feliz”.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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