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12.04.2019 Críticas  
El cabaret como matriz del mundo

El Maldà se apunta uno de los éxitos de la temporada con Akelarre. El nuevo espectáculo de The Feliuettes nos reúne de nuevo con tres embajadoras de lujo. Laura Pau, Maria Cirici y Laia Alsina Riera aprovechan un material muy bien escogido y la complicidad de Gerard Sesé para ofrecernos una pieza de cabaret en toda regla.

Resulta un hallazgo la habilidad para convocar a los autores que han compartido su talento para configurar el armazón de este espectáculo, a partir principalmente de textos y canciones. Las aportaciones de Mireia Giró, Xavi Morató, Clàudia Cedó, Cristina Clemente, Ariadna Cabiró, Arnau Tordera o Clara Peya (junto a las de las tres compañeras o bien podríamos decir que cuatro) cimientan una base sólida, impactante, incendiaria y explosiva. También implosiva. La reflexión, calado y desenmascaramiento van de la mano de la diversión y la emoción hasta provocar una sacudida tan potente como fructífera. Se sabe cómo captar el espíritu del cabaret y desarrollarlo incluso en su vertiente más oscura de un modo tan auto-paródico como inesperado y muy ilusionante porque realmente genera la posibilidad de transformación.

Ovación para la dramaturgia de nuestras queridas nigrománticas junto a Míriam Escurriola, así como su ágil dirección, que combina registros y géneros a placer sin perder nunca el foco del formato y género principal en el que nos movemos.

El espacio escénico y vestuario de Maria Monseny logran convertir lo kitsch en una seña de identidad de la propuesta sin olvidar que no solo se debe convocar la vista sino también la escucha de todos los invitados. La tramoya-vagina es desde ya mismo uno de los mayores logros de la temporada que nos ocupa. En este contexto espacial la dirección musical de Sesé y la coreografía de Anna Romaní destacan todavía más si cabe. Gracias a todos, desearemos compartir el beneplácito de Madame Big Lips para adentrarnos en su interior. La reflexión sobre la configuración de la identidad y la consideración de género a partir de referentes populares, tradicionales y sociológicos no tiene desperdicio y es, una vez más, muy valiosa. Efectiva y afiladísima.

Esto no sería posible sin la impecable labor de Pau, Cirici y Alsina Riera. La presencia escénica y el magnífico desempeño vocal de las tres nos seducen y embelesan de principio a fin. También su comicidad y capacidad para captar nuestra atención y hacer estallar nuestra emoción. Grandes embajadoras de los textos y canciones que se crecen en la corta distancia. Pau muestra una expresividad imperturbable e ilimitada incluso en los silencios, captando y transmitiendo la intención de cada fragmento de un modo sensacional. La complicidad de Cirici aporta un ácido y muy sano punto canalla a todo el conjunto y nos incita al desmadre (bien entendido y formalizado dentro del lenguaje interno de la propuesta). Alsina Riera consigue destacar en todos los registros aportando un toque propio muy especial y nos desarma con su magnífica interpretación de una particular y devastadora Caperucita Roja. Un trabajo (el de las tres) que haría olvidar Eastwick a los mismísimos John Updike y George Miller para girar su cabeza y dirigir y centrar toda su atención en lo que está sucediendo en El Maldà.

Finalmente, celebramos el éxito indiscutible de este Akelarre. Si tuviéramos que resumir el impacto de la propuesta en cinco puntos, estos serían sin duda: reivindicación, educación, libertad, humor (negro y de todos los colores) y cabaret musical (y muy kitsch). Un espectáculo (y unas intérpretes) cómplices, divertidas, intensas, irónicas, insinuantes, atrevidas, valientes y deliciosamente punkies nos esperan en esta apoteósica y repulsiva entrada a la gran vagina. El cabaret como matriz del mundo. Apaguemos las luces, busquemos cerillas, encendamos velas y dejémonos atrapar por estas tres grandes compañeras de viaje.

Crítica realizada por Fernando Solla

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