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12.04.2019 Críticas  
A la jota jota del Barberillo

Enfilando la última semana, al borde del “Localidades agotadas” (quizás cuando esto se publique, agotadas), El Barberillo de Lavapiés, adaptado por Alfredo Sanzol, está cosechando todo el éxito que se merece tamaña producción en el Teatro de la Zarzuela.

El barbero Lamparilla y la costurera Paloma, se ven inmersos en una serie de intrigas políticas para traer un nuevo gobierno al país. Marquesitas, dones, majas y estudiantes, son los personajes que irán entrando y saliendo de esta rocambolesca conspiración, mientras Paloma y Lamparilla van dejándose caer uno en los brazos del otro.

Uno sale de este El Barberillo de Lavapiés con una sonrisa de oreja a oreja y tarareando las sinfonías de la extraordinaria música de Francisco Asenjo Barbieri, con libreto de Luis Mariano de Larra, aquí adaptado por Alfredo Sanzol, quien baña de actualidad un texto lleno de carisma, simpatía, y un sentimiento castizo que toca hasta el menos madrileño. Casi tengo cita con una modista para agenciarme un traje de majo, ¡fijaos vosotros si me ha dado fuerte!

Jose Miguel Pérez-Sierra lleva la impecable dirección musical, y Alfredo Sanzol, la de escena, sacando todo el partido cómico de un elenco en estado de gracia, con una comicidad y soltura que no había visto en el liceo desde el Cómo Está Madriz de Miguel del Arco. Borja Quiza está extraordinario e insuperable como el Lamparilla de mi función, aunque me consta que David Oller está sinigual en sus días; Quiza desprende naturalidad, desparpajo, y yoquesé quéseyo entrañable, que hace que le quieras achuchar tras la función, y sus escenas con Cristina Faus son de entonar un “ooooh” desde la platea, bien ñoño, porque hacen una pareja que recordaré toda la vida. La química que desprenden y lo ameno que se les debe hacer esta función, traspasa la cuarta pared y se agradece esta entrega y este gran trabajonde dirección de Sanzol, que ha desencorsetado las interpretaciones del elenco, y la platea disfruta como niños.

No es desmerecer no referirme al resto del elenco, con una sinpatiquísima María Miró, un desenvuelto Javier Tomé, y los brillantes coros titulares del Teatro de la Zarzuela.

En el apartado técnico, versátil y evocadora escenografía de Alejandro Andújar, que también se encarga de un vestuario colorido, sencillo y efectivo, que nos transporta a esa clase “maja” protagonista, sin estridencias ni excesos. Excelente iluminación de Pedro Yagüe, destacando el primer cuadro, nada más dar comienzo la representación, con esa bruma y claridad infinita que va dando forma a esa romería de San Eugenio. Antonio Ruz, a la coreografía, con fantásticos momentos en l jota de los estudiantes, y la buhardilla con las costureras.

El Barberillo de Lavapiés es una fantástica propuesta para comenzar a amar la Zarzuela, y el trabajo que ha desempeñado Sanzol, con ayuda de todo el equipo, es excelso, y se nota esa mano con los clásicos tras cosechar también todos los éxitos con La Ternura, donde todo lo bueno de ella, ha sabido trasladarlo a esta adaptación. En otras circunstancias, este montaje estaría destinado a ser prorrogado con facilidad, un mes mas, porque muchos serán los que se queden sin verla o sin repetirla.

Una vez más, no dejo más que de repetirme, con proyectos tan mimosos y fantásticos, uno no puede mas que gritar ¡que viva la Zarzuela!

Crítica realizada por Ismael Lomana

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