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01.04.2019 Críticas  
De cuando las cosas se hacen con la mente y con el corazón

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es una condición que afecta gravemente a la vida de los que lo padecen y, sin embargo, es un trastorno del que poco se habla. La Sala Beckett, en su línea de dar visibilidad a todo tipo de situaciones sociales, ha programado Suite TOC núm 6 de Les Impuxibles, que trata de una forma muy especial el TOC.

Clara Peya, una de Les Impuxibles, es pianista y compositora. Es profundamente visceral y siempre trascendental en su mensaje. Es uno de los referentes de la composición actual de Catalunya. Y, además, sufre de TOC. En tratamiento desde hace 11 años, ahora se ha sentido con las fuerzas y con las ganas de contarnos su historia desde que fuera diagnosticada. Y lo hace como mejor lo sabe hacer: con música, danza y teatro. Junto a su hermana Ariadna que es la otra parte de Les Impuxibles, y Judit Pujol y María Velasco han creado un espectáculo que es materialmente imposible de olvidar. A ellas se les une Èlia Farrero, Pau Vinyals y Adrià Viñas quienes junto a las Peya inundan el escenario de la Sala de Dalt de la Beckett de golpes de realidad, a la par que de ternura.

Esta pieza le ha servido a Clara, como ella misma dice, para ‘salir del armario’ y hablarnos en primera persona de su propia experiencia con el TOC, pero sobre las tablas lo hace de una de las mejores maneras que lo sabe hacer, que es tocando el piano. Las composiciones que ha creado para Suite TOC núm 6 van desde lo clásico y pausado a lo frenético, pasando por lo electrónico y contemporáneo, pero siempre con la elegancia y la madurez que le caracterizan. En esas notas se pueden leer todos los estados de ánimo por los que Clara ha pasado. Adrià Viñas y Pau Vinyals (especialmente este último) serán su voz. La suya y la de las miles de personas que tienen que aprender a convivir con este trastorno. Nos explican el comienzo de todo, las diferentes etapas (los lóbulos, como los han llamado) y, finalmente, como se puede aprender a vivir con ello. Èlia Farrero es la que ha integrado la lengua de signos al montaje como parte más de la función. Y, todo ello se presenta coreografiado por una Ariadna Peya que además de profesional de la danza ha visto sus emociones tocadas por este proyecto. Quede dicho, de paso, que esta función queda interrumpida en dos ocasiones en las que primero Clara y luego Ariadna hablan al público en primera persona en un paréntesis que nos saca del mundo artístico y nos trae al mundo real, donde ambas dejan de lado por unos minutos a la artista y aparecen como dos chicas que explican su situación personal. No recuerdo haber vivido en los últimos tiempos momento más emotivo que el de Ariadna hablando de lo que ha significado para ella vivir con su hermana una experiencia así. Y es que, las Peya han decidido utilizar este bello medio como es el teatro para dar visibilidad y reivindicar y remover el estigma de la enfermedad mental.

Todo aquí es imprescindible. En Suite TOC núm 6 además de la música, los movimientos, las emociones y el texto casi poético, la iluminación de Jordi Berch y la escenografía de Judit Colomer plagada de pianos como símbolo de la vía de escape de la obsesión han convertido esta pieza en una propuesta diferente y llamativa, intelectualmente atractiva y que nos ayuda no solo a disfrutar durante 75 minutos de este género teatral que no puedo etiquetar (y que creo que a ellas eso ya les gustará) sino que además conciencia al espectador que quiere conocer el trasfondo de un trastorno así.

El discurso final, además, es tan sincero como certero y apunta a realidades que aún a veces no se quieren aceptar. ¿Quien no está loco? Nada más hay que mirar alrededor para darnos cuenta de que puede que la mayoría no esté diagnosticado pero eso no quiere decir que la mente de la gente funcione del todo bien. Y que al final, con trastorno o sin él, todo se reduce al absurdo de las personas intentando ser felices en un mundo que no es feliz.

Suite TOC núm 6 se convierte en un imprescindible, en una obra completa y profunda y en una pieza de obligado visionado para aquellos que quieran ser honestos consigo mismos y expandir su mente metiéndose en la mente del prójimo. Solo así, además de conocer algo mejor ciertos aspectos de la salud mental, estaremos un poco (y solo un poco) más capacitados para entender y apreciar a quien lo tenga que sufrir. La chica de abajo aprendió a vivir y a respetar a la chica de arriba. ¿Seremos capaces nosotros también de hacerlo así?

Crítica realizada por Diana Limones

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