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27.03.2019 Ópera  
¡La luz del mundo es el amor!

El pasado 21 de marzo, Ópera de Tenerife estrenó Turandot en el Auditorio de Tenerife. Bajo la batuta de Giampaolo Bisanti y con Giuseppe Frigeni al mando de la escenografía, la coreografía y las luces; orquesta, coro y artistas ofrecieron un magnífico espectáculo visual y sonoro.

Puccini eligió un marco exótico y oriental como contexto para esta historia de ilusiones amorosas y juegos de poder y venganza. El triángulo amoroso entre la fría princesa Turandot, el arrogante príncipe Calaf y la inocente sirvienta Liù, fueron la excusa para que el compositor crease una de sus obras más reconocidas, llegando esta a ser una ópera de culto.

La dirección de escena, a cargo de Giuseppe Frigeni, tuvo mucho que ver con el éxito rotundo de esta producción que colgó el cartel de “Entradas agotadas” para las funciones de los días 21 y 23. El director quiso crear un ambiente con elementos escénicos y visuales poco llamativos dejando que la música adquiriese el protagonismo a la vez que jugó con elementos transparentes y efectos de contraluz. Quiso que los diferentes escenarios se deslizaran en los cambios, de forma prácticamente imperceptible, para no distraer al espectador de lo realmente importante. Y con esa misma idea, optó por crear un ambiente absorto en vez de caer en el recurso repetido de exotismos y adornos chinescos propios del contexto de la obra.

Despuntó, y muy profusamente, la apasionada y cautivadora actuación del maestro Giampaolo Bisanti, cuya dirección logró extraer lo mejor de la Sinfónica de Tenerife eclipsando en más de una ocasión lo que estaba sucediendo en el escenario. Ello nos confirma por qué es, a día de hoy, uno de los mejores talentos de su generación.

El papel de Turandot requiere de una soprano dramática que utilice un timbre más oscuro y lleno pero más grave y con más peso en la voz. La cantante italiana Tiziana Caruso, a pesar de encontrarse en medio de un proceso gripal, estuvo a la altura del papel. Destacando el enfrentamiento entre tenor y soprano en el segundo acto, en el que junto a Carlo Ventre en su rol de Calaf, nos deleitaron con uno de los momentos más álgidos y emocionantes de la noche.

Cabe destacar de Carlo Ventre su ejecución del aria más famosa de la ópera: Nessun dorma. Siendo esta la pieza más prominente, Ventre estuvo excelente a la hora de proyectar con gran potencia y marcar las tesituras particularmente agudas.

El mérito de los cantantes fue afrontar el reto que requerían algunas escenas donde debían superar tanto el sonido de la orquesta como el del coro. Pero quién dio la impresión de no verse particularmente afectada fue Alexandra Grigoras en su excelente interpretación de la malograda Liù. Su papel requería de una soprano lírica, cuyo timbre es más lleno y rico pero con menor extensión aguda. Grigoras consiguió hacer con su ejecución que todo el auditorio se emocionara y rompiera en más de una ovación.

Por último cabe felicitar a Carmen Cruz como directora del Coro de Ópera de Tenerife, en colaboración con el Coro de Ópera de Granada, que nuevamente y de forma especial en esta ocasión realizó un acompañamiento insuperable; llegando este a adoptar por momentos un papel de protagonismo en su interpretación del pueblo de Pekín.

Enhorabuena a Ópera de Tenerife y Auditorio de Tenerife por proponer y albergar respectivamente producciones de semejante calidad y excelencia. Para los amantes de las artes escénicas es todo un deleite poder disfrutar de tan exquisitas ofertas culturales en la isla de Tenerife. Pero esto no se acaba aquí. Todavía nos queda más temporada de ópera. Así que, como canta el pueblo a la conclusión de Turandot: ¡La luz del mundo es el amor!…pero mejor si está acompañado de ópera.

Crítica realizada por Celia García

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