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14.03.2019 Críticas  
VIEJOS HAZMERREÍRES: Les Luthiers a medio gas

Avant la letre: me confieso, como dicen Les Luthiers en un momento de Viejos Hazmerreíres, un “ultra de Mastropiero”. Soy firme defensor de que la formación argentina haya recibido el Premio Príncipe de Asturias y creo que el legado musical y humorístico que dejan tras 52 años de recorrido es magnífico. Pero reconozco que no están en su mejor momento.

Y en parte resulta comprensible: igual que el comentarista de su “Radio Tertulia” le dice al anciano gurú Sali Baba, “qué suerte que haya llegado hasta aquí. Qué suerte que haya llegado hasta hoy”. Varios de sus fundadores nos han ido dejando recientemente: Daniel Rabinovich falleció en 2015 y Carlos Nuñez abandonó el grupo en 2017. De los miembros originales quedan Marcos Mundstock, Jorge Maronna y Carlos López Puccio, a los que se les han unido Horacio “Tato” Turano, Tomás Mayer-Wolf y Martín O’Connor, más Roberto Antier como reemplazante (en la función a la que asistimos, de Mundstock, que se encontraba indispuesto).

Además, la antología Viejos Hazmerreíres (título que evoca un tanto a sus Viejos Fracasos del 76) tampoco es un compendio de lo mejor de Les Luthiers: tiene como hilo conductor la mentada “Radio Tertulia” que ya utilizaran en 1999 en Todo por que rías, espectáculo del que también toman las “Loas al cuarto de baño” y el rap de cierre “Los jóvenes de hoy en día”. A la producción de estos últimos 25 años pertenecen también “Así hablaba Sali Baba” (de Les Luthiers unen canto con humor, 1994), la bossa libidinossa “Amor a primera vista” (de Los premios Mastropiero de 2005), la cumbia epistemológica “Dilema de amor” (de 2008 en Luthierapia) y el único estreno (y la pieza más floja del espectáculo), la “Receta postrera”, amén de algunas concesiones más antiguas, como la zarzuela “Las majas del Bergantín” (de las Luthierías de 1981), el jazz de cine negro “¿Quién mató a Tom McCoffee?” (estrenado en 1989 en El reír de los cantares), así como una de las cinco integrantes del ciclo de títulos vocálicos, “Pepper Clemens sent the messenger: nevertheless the reverend left de herd”, un animado ten step que viera la luz en 1983 dentro del show Por humor al arte, pero que se interpretó en su muy diferente versión de 2002 para Las obras de ayer.

La “Radio Tertulia” funcionaba particularmente bien como duelo entre Mundstock y Rabinovich: sin ninguno de los dos sobre el escenario queda un texto divertido, pero al que le falta la chispa. Los segmentos que mejor funcionaron fueron los gags sobre la corrupción política y las hilarantes y desastrosas intervenciones del supuesto grupo pop anglosajón “London Inspection”. Los números que realmente estuvieron a la altura de lo que son Les Luthiers fueron “Las majas del Bergantín”, beneficiada por las dotes interpretativas y líricas de los nuevos miembros de la compañía, “Pepper Clemens” (el único Mastropiero de la noche) y “Los jóvenes de hoy el día”, un gran mano a mano de Maronna y Puccio. ¡Chist!, en ese sentido, su antología de 2011, estaba algo mejor equilibrada.

Les Luthiers no tiene absolutamente nada que demostrar: incluso con solo dos de sus fundadores y un programa menos que óptimo, siguen siendo probablemente el mejor grupo de humor musical de la historia latinoamericana. Disfrutemos de cada ocasión en que pisen nuestros escenarios, quien sabe si sobrevivirán a una segunda refundación.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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