novedades
 SEARCH   
 
 

08.03.2019 Críticas  
Un mundo hiperconectado no es sinónimo de comunicación

Mantequilla es la nueva propuesta del autor Carlos Zamarriego que se representa en la Sala Mirador de Madrid para hacernos reflexionar sobre la incomunicación en la que estamos sumergidos.

Dos jóvenes –Andrés y Bea- se extrañan constantemente para acabar convirtiéndose en completos desconocidos. El abuelo enfermo del muchacho, la afición al séptimo arte de ella , las idas y venidas del pueblo a la ciudad y, sobre todo, las decisiones que ambos van tomando a lo largo de su vida nos muestran el desconocimiento mutuo a pesar de compartir una relación sentimental.
Vivimos en una sociedad hiperconectada que, sin embargo, disminuye nuestras capacidades de socialización.

¿Estamos en la época de la comunicación o de la incomunicación? Actualmente todo se puede hacer de manera digital y vamos perdiendo práctica en el contacto visual y verbal que, al fin y al cabo, es lo que nos permite establecer lazos de unión con los que nos rodean. Las nuevas tecnologías, depende de cómo se usen, pueden suponer un verdadero obstáculo más que una ayuda y Carlos Zamarriego sabe plasmar muy bien la reina de las paradojas en esta obra.

Sin desvelar nada más, un punto fuerte de la obra es que nos invita a dejar volar nuestra imaginación, nos permite poner sobre las tablas nuestra propia mirada y nuestras intenciones para dar un toque personal a lo que se está desarrollando en el escenario. A través del encuentro con el público, que tuvo lugar el pasado 1 de marzo, pude normalizar la sensación de no entender plenamente algunas escenas de la función y también tuve la ocasión de saborear más intensamente esa reflexión individual y libre interpretación que nos permite Mantequilla. Siempre se agradece que den a los espectadores y espectadoras esa libertad para que interpretemos, analicemos y, por qué no, nos conmovamos con lo que estamos observando.Por lo tanto, el texto dirigido por Edgar Costas nos exige un trabajo intelectual que asumí gustosamente y que disfruté a lo grande en la charla que tuvo lugar después de la representación.

Todo ello también se logra gracias a las maravillosas interpretaciones de Rodrigo García y Roberta Pasquinucci. Ambos se desenvuelven con mucha soltura y demuestran que, al contrario de los personajes a los que interpretan, ellos sí conectan perfectamente. Dos jóvenes actores que fluyen en el escenario y que dan una bonita lección interpretativa metiéndose en la piel de esas dos personas que conviven pero no se llegan a conocer.

El elenco aprovecha muy bien el espacio escénico que pone en juego una zona clave en los diálogos de la pareja protagonista –un cuadrado grande lleno de arena de playa- que se refuerza constantemente gracias al juego de iluminación que acompaña lo que sucede en el escenario. Todo tiene significado simbólico y por eso no hay que perderse ningún detalle. ¡Avisados están!

En definitiva, esta obra se convierte en una ocasión ideal para reflexionar y disfrutar de la actuación en su conjunto.

Crítica realizada por Patricia Moreno

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES