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23.01.2019 Críticas  
Viet kieu, Mon Amour

Poco antes de su llegada al Teatre Lliure de Barcelona, Saigon tuvo un fugaz paso por el Teatro Valle-Inclán de Madrid, para contar una lección de historia poco tratada, con una apabullante puesta en escena, que nos transporta a París y Saigon.

Paris, 1996: Marie-Antoinette regenta junto a su sobrina Lam un restaurante donde acaban de celebrar el cumpleaños de Lihn, junto a sus amigos mas cercanos, y su hijo Antoine. Un desvanecimiento de la homenajeada nos traslada a Saigon, 1956, momento donde en otro restaurante de exacto aspecto, vietnamitas y franceses se despiden tras ser decretada la expulsión de estos mismos. Hào, cantante local «afrancesado» es recriminado por su novia Mai sus relaciones con el enemigo, mientras Mme. Gautier busca a su marido, y el bruto Edouard promete la mejor de las vidas a Lihn, en Paris. Tres constantes (el lugar, y las dos mesoneras), nos acompañan en toda un ejercicio escénico durante las 3 horas y 20 minutos de duración: tiempo que no pesa a la platea, como lo hace sobre los hombres de estos expatriados que nos narran 40 años de historia.

Cuatro son los actos de los que se compone Saigon, dirigida y escrita por Caroline Guiela Nguyen, en francés y vietnamita, por un elenco que respeta las nacionalidades de los personajes a los que ponen voz, que nos sumerge directamente entre las mesas de ese modesto restaurante, testigo de los dramas personales de todos ellos, porque son pocas las risas sobre escena, que se prolonguen en el tiempo. La magna escenografía a cargo de Alice Duchange, con iluminación de Jérémie Papin, realza el portento de interpretaciones que presenciaremos en este dilatado montaje, que a pesar de su duración, no se hace pesado en ningún momento.

Los tres primeros actos de Saigon (Las Partidas, Los Expatriados, y El Ausente) podrían haber sido suficientes para contar esta historia de amor y nostalgia, a lo largo del tiempo, sin caer en el sentimentalismo ni mecanismos fáciles que conmuevan a la platea; casi tirando de la «dignidad» vietnamita, que no muestran lo que les pasa para que los demás no se preocupen, la historia muestra los hechos tal y como sucedieron en el imaginario de la dramaturga, y es ahí donde la empatía de la platea con estos personajes desarraigados crea el mágico vínculo que consigue que toda la historia interese, al menos, hasta el útimo acto (La vuelta) del que, quizás con otro tono, mas complaciente con la sociedad contemporánea vietnamita, aunque en ese caso, completamente falso, hubiese sido un broche de oro a esta experiencia teatral.

El los últimos tiempos, en los que en nuestro propio país, un sector oscuro y sectario de la población se plantea la maravillosa idea de expulsar a inmigrantes de nuestro país, Saigon cobra una mayor importancia y valor, por hablarnos de cómo fue para aquellos vietnamitas que decidieron exiliarse a Europa, y cómo fueron recibidos cuando su madre patria les levantó el veto y les permitió volver. Ese sentimiento de sentirte un extranjero en todas partes, donde vives, y donde creciste, es algo que hemos sentido todos aquellos que nos fuimos allá por el 2010 buscando un mejor futuro que el que aquí se nos ofrecía, y cómo la vuelta se nos hizo, a muchos, cuesta arriba: un choque cultural casi tan grande como el que se siente fuera. Un Lost in Translation en toda regla.

Saigon es todo un evento teatral, que espero que anime a que caigan más proyectos como este en nuestro país, y su estancia en cartelera se prolongue más allá de tres funciones que solo los más avispados pudieron disfrutar. Sacar del nicho de un ciclo tan valioso como el que año tras año el CDN celebra, no solo sirve para acercar el talento del extranjero, para todos aquellos que no puedan permitirse un viaje para gozar de estos montajes, sino para educar a las personas, mostrar otras realidades con las que empatizar, y que no sea sintamos como lejano el drama de expatriado vietnamita, en este caso, cuando podemos tener el caso de nuestros propios hermanos labrándose un futuro en el extranjero.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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