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21.01.2019 Críticas  
Contigo aprendí…

La Gleva Teatre retoma Amici Miei, una vetllada amb Mario Gas. Un espectáculo íntimo, cercano y delicado en el que el actor y director cuenta con la complicidad de Bárbara Granados y se reúne con una buena ristra de las amistades literarias, fílmicas y musicales que ha ido estableciendo a lo largo de su vida para compartirlas con un público al que acoge como un gran anfitrión.

Precisamente esa gran necesidad de transmitir y de algún modo mostrarse a través de las palabras de sus autores de referencia es lo que más nos conmueve y enternece, ya que tendremos la sensación de estar invitados al salón de su hogar (el escenario de un teatro) y situarnos al mismo nivel de confraternidad que los virtuosos autores. Joan Salvat Papasseit, Vicent Andrés Estellés, Blai Bonet, Josep Maria de Sagarra, José Agustín Goytisolo, Fernando Fernán Gómez, Jaime Gil de Biedma, León Felipe, Federico García Lorca, Facundo Cabral, Alberto Cortez, Josep Vicenç Foix, Gilbert Bécaud… No se trata de hacer una lista. Amigo Mario, amigos ellos y nosotros. Y también amigos compañeros de viaje de las últimas décadas que tendrán su momento particular, uno por función. Intérpretes, periodistas…

Decía Karl Popper que «cada intelectual tiene una primera y especial responsabilidad… Una deuda (con la sociedad en su conjunto) de hacer conocer los resultados de sus estudios, tan sencilla, clara y modestamente como es capaz. Lo peor que puede hacer el pecado capital es erigirse como un gran profeta frente a sus semejantes y abocarse a impresionarlos con abstrusos saberes y confusas filosofías. Quien es incapaz de hablar claro debe callar y así permanecer hasta poder hacerlo». Gas no solo es capaz sino que se crece en la corta distancia y sabe jugar muy bien con la intimidad del espacio y de los materiales elegidos. También con la distensión y la falta de condescendencia. Hay una rendición indiscutible a los textos a través de una voz única y también de una expresividad y una profundidad en la mirada que se nos asemejarán como ilimitadas. Transmisoras de la veracidad del que ha estado ahí, a través probablemente de la aplicación vital de la sabiduría de los amigos elegidos durante toda una vida. ¿Quién ha elegido a quién? No lo sabremos jamás.

La capacidad transmisora y la facilidad para cambiar de idioma captando la esencia y carga poética y significativa de cada palabra, de cada pausa y de cada silencio nos transporta a un lugar de esperanza en el que la sabiduría afectiva e intelectual se transmite porque sí, como el acto más puro de amor hacia el prójimo que pueda existir. Tras la reunión con Gas, salimos a la calle más sabios y experimentados. Él es capaz de condensar con su mirada y su elocución máximas vitales que quizá a nosotros nos cuesten años o nunca lleguemos a asimilar por cuenta propia. Y siempre desapareciendo detrás de unos textos de los que se convierte en máximo protector y paladín. El emisor serán los autores y él el mejor canal y código (y a la vez decodificador) posible.

Finalmente, aplaudimos la iniciativa de La Gleva Teatre de programar esta magnífica velada. Gas es sabio y aquí, como en las mejores ocasiones, se convierte en transmisor privilegiado de forma, contenido, sentido, sentimiento, implicaciones… De todo. Un verdadero regalo en forma de recital que, sin ninguna duda, terminará convertido en espectáculo de repertorio, capaz de acercarse al origen de la concepción simbólica de la cultura del antropólogo Leslie White. Esa que se ve comprendida por «las cosas y los sucesos que dependen del ejercicio de una habilidad mental». Aquí los recibimos en forma de textos teatrales, poemas y canciones que encuentran en su ejecución la mayor muestra afectiva que un espectador pueda recibir.

Crítica realizada por Fernando Solla

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