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16.01.2019 Críticas  
IMPARABLES!, catalanismo a cuatro voces (más una)

Imparables! comienza con los “Cors de Clavé” y acaba con el “Bon Dia” de Els Pets y el “Que tinguem sort” de Lluis Llach. En total, hasta 16 canciones (y pico) que recorren los últimos 100 años de historia de Cataluña, a capella la inmensa mayoría -una guitarra y un cajón asoman puntualmente-, y a cuatro voces: las del joven Quartet Mèlt.

Por el camino llegan a El Molino, “El vestir d’en Pasqual” y “Les Caramelles”, los cánticos de barricadas y “aycarmelas” de la Guerra Civil, la imposición de la copla, el consultorio de Elena Francis, la visita de los Beatles, la Nova Cançó, el 23-F visto por la Trinca… Todo correcto, pero en todo caso deteniéndose superficialmente en unos temas y lugares comunes bastante conocidos.

Y una narración que conduce el guionista y director del espectáculo, Òscar Orbezo, que quizás estuvo un poco más atrevido en 2012 con aquel antecedente espiritual que fuera “Som Una Noció”, pero que se adapta y adapta el discurso a los protagonistas del concierto, el Quartet Mèlt.

Imparables! es, de nuevo, correcto, a ratos divertido o efectivamente reivindicativo, y otras se deja llevar por la ruta fácil del catalanismo cívico que está hoy a flor de piel -el “Jo dic no” de Raimon se llevó aplausos durante el propio número al mencionar “homes savis plens de raó/tancats a la presó”-, lo que lo vuelve a veces tramposo (un ejemplo: Lola Flores es imposición española, pero la rumba, inventada por su marido El Pescaílla, se defiende como plenamente catalana). Todo lo que está tiene su razón de ser, pero hay grandes huecos, algunos olvidos y algunos temas que parecen más bien circunstanciales, para explicar la historia de Cataluña en el siglo XX.

En lo musical, hay una legión de hasta 15 arreglistas que han adaptado los números para las cuatro voces de Quartet Mèlt, algunos más acertados (el coro inicial, “L’home dibuixat”, “La dansa del sabre”, “Bon dia”) y otras menos lucidos; las coreografías, de Anna Rosell, son por lo general simples, pero aprovechan varios elementos escénicos, como un banco, y suben de nivel en los números de la Guerra y en el “In the mood” de Glenn Miller. Destacan como líderes, por presencia solista y escénica, la soprano Magalí Sare y el barítono Oriol Quintana; lejos queda la soltura de otros cuartetos populares, como las legendarias Gema 4, pero este es un grupo muy joven aún, y aunque Imparables! sea ya su sexto espectáculo, también es el que tiene el barniz más teatral hasta ahora. Un punto de inflexión, posiblemente en sus carreras.

Nota aparte: curiosamente, en el pequeño folleto de la obra que se reparte a la entrada, no aparecen los integrantes del cuarteto entre todos los créditos. Es un olvido importante.

Mención final y muy destacada para el trabajo de Jofre Borràs a cargo del montaje audiovisual: las imágenes que se proyectan durante todo el espectáculo en el videowall de El Molino son un compendio absolutamente imprescindible, de gran calidad, y la razón por la que, comulgue uno o no con la cuerda política de Imparables!, todo el mundo debería acudir a verlo.

Crítica realizada por Marcos Muñoz

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