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11.01.2019 Críticas  
Once Upon A Time (in October)

La Sala Barts presenta el último espectáculo del FESTIE (Festival de Teatre Independent) de esta temporada. LAminimAL Teatre irrumpe con fuerza con Els reis de Shakespeare escriuen el discurs de PHILLIPE THE SIXTH y nos ofrece un espectáculo fiel a su manera de hacer y entender el teatro y que, a la vez, utiliza todas las posibilidades liberadoras de las artes escénicas.

La dramaturgia de Albert Pijuan hilvana algunos de los parlamentos más representativos de “Ricardo II”, “Enrique IV”, “Enrique V” y “Ricardo III” y los confronta con el octubre catalán de 2017. En un contexto semejante, se agradece la claridad y frontalidad ideológica y una manifestación artística que destaca por su coherencia interna y su voluntad y capacidad para trascender cualquier precepto o pauta del lenguaje dramático. ¿Qué discurso puede o debe defender el monarca ante semejante situación? ¿Qué justificación tiene su propia figura en el siglo XXI, más allá de la herencia quebradiza? ¿Puede la fuerza de la palabra igualar, apaciguar o justificar la potencia del constreñimiento? ¿Hay mayor exabrupto que el sometimiento?

Sorprende el buen entendimiento entre las traducciones de Salvador Oliva y las del propio Pijuan, así como su pormenorizada aportación. La acidez de los diálogos y las situaciones recreadas y la decisión de convertir a los protagonistas en consejeros encargados de fabricar los discursos del soberano no solo son buenas ideas sino que se desarrollan asimilando una capacidad de observación tan crítica como privilegiada. La transgresión lingüística y formal es una constante en esta función (¡incluso se rapea monárquicamente!) en la que la diversión va siempre más allá del gag y nos presenta a un grupo de artistas que asimilan la función social y política del teatro de un modo tan particular como importante, poniendo el dedo en la llaga de cuestiones muy incómodas para el poder dominante pero (y aquí el triunfo) todavía más para los que las padecemos.

La dirección de Daniela De Vecchi capta a la perfección los requerimientos del texto y los acerca al lenguaje de la compañía, a partir tanto de la elocución como de un movimiento escénico minimalista y repetitivo a momentos. Seña de identidad y al mismo tiempo muestra de la coerción y posibilidad de liberación que defiende la dramaturgia. Se ha conseguido un ritmo afinado y acorde y unas imágenes y acciones potentes, sugerentes y estimulantes. Esto se ha traslado al trabajo de los cinco intérpretes. Eloi Benet (pletórico en todas sus intervenciones), Cris Codina (que destaca por su naturalización del tempo de la comedia), Esperança Crespí (elocuente incluso en los silencios), Carles Cruces (ojo a su versión de “Heroes” de Bowie) y Toni Figuera (que despliegue una amplitud de matices considerable) se convierten en unos defensores más que notables de las premisas de la pieza. Su movimiento escénico y trabajo corporal se muestran como características indisolubles de la propuesta sin perder nunca de vista la ejecución de un texto complejo que en sus manos no se percibe como tal y adecuándose a todos estos giros lingüísticos y transgresores que hemos ido comentando con un talento, ingenio y agudeza fuera de toda duda.

Otra de las fortalezas de la propuesta es la adecuación de todos los factores que intervienen y su alineación para conformar un lenguaje interno robusto y coordinado. De este entendimiento participan el espacio sonoro (también de Pijuan) y la escenografía y vestuario de Lola Belles. La disposición del trono a un nivel distinto y totémico, al que todos quieren acceder y desde donde parece que los discursos adquieren una vigorosidad épica, cumple una doble función, tanto estética como objetivadora de la polémica que desarrolla el espectáculo.

Finalmente, Els reis de Shakespeare escriuen el discurs de PHILLIPE THE SIXTH se convierte en un potente y crítico tomatazo hacia la monarquía. Y, lo más importante, nos sirve en bandeja la posibilidad de réplica convirtiendo la representación teatral en un espacio y lugar donde la libertad y la revuelta son tangibles y superan la queja o el lamento para dar paso a la acción decisiva. Una llamada que nos desadormece y estimula de un modo tan enérgico e impetuoso que se convierte en una verdadera y necesaria revolución. La de la mayoría frente a uno solo.

Crítica realizada por Fernando Solla

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