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05.01.2019 Críticas  
Terror en escena

En el ecuador del ciclo “Una Mirada al Mundo” del Centro Dramático Nacional, llega una producción del sueco Jakop Ahlbom para hacer temblar a la platea del Teatro Valle Inclán: Horror, donde asistimos a un tremendo trabajo físico de todo el elenco, representando una película de terror en vivo con fantasmas vengativos, desmembramientos y manifestaciones terroríficas.

Una joven decide pasar el fin de semana con su novio y un amigo en la casona familiar. Nada más llegar comienzan a sucederse lo esperado en toda casa encantada que se precie: luces que se encienden y se apagan, cuadros que caen, televisores funcionando solos, y señoras fantasmas hambrientas de venganza dispuestas a matarte por el simple hecho de estar vivo. Vamos, lo típico del universo Terror. Y es aquí donde Horror triunfa, porque lo que en una sala de cine, o en casa viendo Netflix, en cualquier película de terror podría generar un “puff, esto ya lo he visto mil veces, al final todos mueren”, en una sala de teatro, la experiencia de ver en vivo todo eso que ya nos sabemos, sorprende, inquieta y lo más importante, entretiene.

Dice el señor Alhbom, director del montaje, con texto (pero sin diálogos) de la dramaturga holandesa Judith Wendel, que la oportunidad de crear el surreal mundo del terror, utilizando todos aquellos efectos utilizados en las películas que él siendo adolescente devoraba para revolver al público en su butaca y crear esa misma sensación fascinación e inquietud, era todo un reto, y viendo los resultados que le está reportando Horror desde el 2014, girando por todo el mundo, y casi recién vueltos de una gira de verano por Australia, la propuesta es todo un éxito.

Horror es un montaje “extraño” en la programación de un teatro estatal, pero es la dirección que debería seguirse, o la menos el tipo de propuestas que hiciesen acercarse al público a las salas, aprovechando los medios, sobretodo publicitarios, con los que cuenta un “gran teatro”. Precisamente en Nochevieja conversaba sobre este tema con amigos de este mundillo farandulero (hola, a vosotros que sabéis quiénes sois, y ya nos vale no descansar de teatro ni estando de fiesta), con respecto a la indignante programación de algún que otro de estos teatros, que contando con medios y presupuestos inimaginables para salas de teatros pequeñas, destinaban fondos a proyectos carentes de interés, con foco en grandes nombres sobre la escena, soltando parlamentos vacíos. Horror es un riesgo, que a pesar de los únicos cuatro días programado, es todo un éxito en cuanto a acogida general (sala llena en el estreno, y colas para las entradas de último minuto) y calidad en todos los aspectos: interpretación, ambientación y efectos especiales.

Son claros los homenajes que maneja Jakob Alhbom: Evil Dead, El Exorcista, The Ring, o el episodio de Black Mirror: White Bear. La música, también tan importante en el cine de terror, en este caso de Win Conradi, logra envolver la escena, sin apenas ser consciente de ella, pero cumpliendo en los momentos requeridos con sus “chán-chán” que tanto disfrutamos. El diseño de iluminación (Yuri Schreuders) es impecable, al igual que la magnífica escenografía del propio Alhbom y Douwe Hibma, con todos los resortes, efectos y trampillas que el buen género de terror requiere. Horror es todo un éxito que ningún buen aficionado del terror debería perderse, y un buen comienzo de año para todo aquel que se haya propuesto para el 2019, ir más al teatro: al menos esta, hay que verla. Así se empieza bien un año.

Crítica realizada por Ismael Lomana

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