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28.12.2018 Críticas  
¿Involución o evolución?

La compañía valenciana L’areòla Teatre alarga su estancia en la Sala Plot Point de Madrid con Salvaje, una creación colectiva que denuncia las injusticias y situaciones cotidianas derivadas del machismo a través de una sucesión de divertidos sketches, repletos de música y baile.

Salvaje es una obra de teatro reivindicativa, de corte social; un grito feminista que, lejos de resultar rabioso, busca fomentar el diálogo entre hombres y mujeres en torno a la violencia de género, el maltrato en la pareja, el ciberacoso o la brecha salarial. Las jóvenes intérpretes, Alba Juan, Elena Egea, Laura Lemus y Carla Polo, transmiten fuerza y ganas, dejándose la piel en el escenario con cada personaje.

Se trata de un trabajo dinámico, plagado de ritmo e ironía, en que las cuatro intérpretes saben muy bien qué decir y cómo hacerlo; más allá de cuadros ilustrativos, nos regalan momentos que desvelan porcentajes sorprendentes, llaman a la unión y solidaridad de todas las mujeres y exponen la ridiculez del ser humano y los efectos de las nuevas tecnologías.

Destacan las escenas que recrean la confusión de las mujeres ante las imágenes del cuerpo femenino joven y perfecto en los medios de comunicación; las intérpretes interrumpen alguno de los sketches y estiran sus caras con las manos mientras reproducen conocidos anuncios de cremas. Asimismo, comienzan por cantar el estribillo de la canción “Maquillaje” de Mecano y terminan por alzar sus voces mientras repiten una y otra vez aquellos mandatos y consejos que las mujeres escuchan desde niñas hasta que toda la sala se convierte en un murmullo agobiante. No podía faltar la figura de la madre, que, en un primer momento, aparece en escena como un ser invencible y sobrehumano, y, ante las exigencias de absoluta perfección y conciliación del ámbito profesional y personal, acaba mareándose, entre escobas y con los tacones puestos.

Cada escena indaga en las nuevas formas de vida y los mecanismos que alimentan el machismo en la sociedad actual. El desencadenante principal de las discusiones y peleas que se nos muestran es el control en las redes sociales y a través de los mensajes instantáneos. En cierto modo, las intérpretes aluden a la falta de comunicación cara a cara para explicar el creciente individualismo y la competición entre las mujeres. Ante los abusos de su pareja, uno de los personajes femeninos admite: “He aprendido a no quererme”. Esta confesión es toda una invitación a romper el silencio, a valorarse y a luchar, que anticipa las escenas finales de la obra: “Las brujas que quemasteis no callarán”, cantan al unísono las cuatro actrices.

Salvaje es un espectáculo entretenido y dinámico, de clara influencia televisiva; una protesta ante las dificultades de las mujeres para hacerse oír y desempeñar la profesión que desean, que defiende la imperfección y el inconformismo y reclama los mensajes positivos para las niñas y los libros de texto que documenten las hazañas de las mujeres que hicieron historia. Ya lo advierten desde el principio, cuando hablan de las pinturas rupestres y se preguntan si ellas también pintarían. Esta es una obra para los que deseen reír mientras se informan y reflexionan sobre sus actitudes y su posible aportación a las nuevas generaciones.

Crítica realizada por Susana Inés Pérez

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