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27.12.2018 Críticas  
La nieta de la guerra

No cabe duda que la inmigración y los refugiados es un tema candente en Europa a día de hoy. Como muchos otros medios que también se hacen eco de la situación actual, el teatro es un instrumento válido y eficaz para explicar lo que sucede en este ámbito y convertirlo en sujeto de nuestro pensamiento durante la función y mucho tiempo después.

La neta del senyor Linh, inspirado en la novela de Philippe Claudel, es un claro ejemplo de ello. Guy Cassiers, directo artístico de la Toneelhuis, dirige la adaptación a dramaturgia de Erwin Jans y Jérôme Kircher (y que ha traducido Sergi Belbel al catalán) como una pieza delicada y frágil, pero contundente. Una fábula donde Lluís Homar, a modo de cuentacuentos y en forma de monólogo, relata el horror del exilio impuesto, de la soledad, de la necesidad de relacionarnos que tenemos el ser humano y de la búsqueda de nuestra propia señal de identidad.

Esta es la historia de un refugiado, el señor Linh, que acaba de llegar a un campo de refugiados en Europa con su nieta en brazos desde algún lugar de Asia devastado por la guerra. Allí conoce al señor Bark, un hombre que acaba de perder recientemente a su mujer y cómo ambos hombres, aún sin entenderse mutuamente por la barrera del idioma, forjan una bonita y necesaria amistad. Homar da vida a Linh, Bark y, a su vez, al narrador de la historia.

Guy Cassiers, en casi un experimento antropológico, ha creado un señor Linh en cada ciudad europea donde ha representado esta función, eligiendo a un actor diferente y traduciendo el texto al idioma local. Como él mismo reconoce, el que se está tratando es un problema que afecta actualmente a nuestro continente como colectivo, pero que tiene sus diferentes particularidades e idiosincrasias a nivel local. Como tal, todos los espectadores, así como el propio actor, se tienen que sentir identificados y el idioma es una de las maneras de conseguirlo. Además, en su montaje, ha querido Cassiers hacer uso de todos los medios posibles con los que una persona puede comunicarse, además de la palabra, y hace un extenso y acertado uso de los audiovisuales de Klaas Verpoest y de la música de Diederik De Cock (con algunos instrumentos que suenan en directo) para que acompañen, en este caso a Homar, en la interpretación.

La historia original es bella, triste y golpeadora. Pero en boca de Homar parece que se hace menos dolorosa pues tiene este hombre una facilidad para hacernos tan llevaderos sus personajes, aún cuando estos están padeciendo la más tremenda angustia o están sufriendo en el peor infierno o inmersos en la más profunda oscuridad… Quien vaya a ver esta obra se dará cuenta de que Homar es el señor Linh. Y que el señor Linh es Homar. Estoy convencida de que el resto de actores europeos habrán causado la misma sensación. Pero la elección de nuestro señor Linh en la propuesta catalana ha sido, sin duda alguna, un acierto por parte de su director.

Aún se puede ver La neta del senyor Linh en el Teatre Lliure de Montjuic hasta final de año. Estoy segura de que este es uno de los personajes que acompañará a Homar, a Cassiers y al resto de equipo artístico el resto de sus vidas. Esta es una excelente elección para los que les apetezcan apartar 75 minutos de su tiempo para dejarse emocionar.

Crítica realizada por Diana Limones

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