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12.12.2018 Críticas  
Amor y placer, ¿cuánto de ello sabemos entregar?

Cada temporada se esperan con ganas los proyectos de La Brutal y uno de ellos es el que tiene en cartel La Villarroel, quien también coproduce. L’habitació del costat es un texto de Sarah Ruhl que Julio Manrique toma entre sus manos para presentarlo como un bombón dulce y apetitoso dentro de una simpática cajita para regalo.

Esta dramaturgia inspirada en las afueras del Nueva York victoriano y situado justo en el momento en que se acaba de descubrir la electricidad cuenta la historia de Givings (que traducido sería algo así como ‘entregas’), un médico científico que utiliza pequeñas descargas eléctricas (en una versión inicial del vibrador) para aliviar a sus pacientes de tensiones que le provocan problemas emocionales e incluso físicos de naturaleza sexual. A la vez que el tratamiento le está funcionando de maravilla con las mujeres y hombres a los que trata su esposa, quien está bien de salud (aunque no consigue amamantar a su bebé) y es una mujer de extraordinaria vitalidad y arrolladora personalidad, decide averiguar cual es esa secreta curación que su marido ha descubierto a la vez que se irá dando cuenta paulatinamente de su propia necesidad.

L’habitació del costat es una obra que reúne en una sola muchos componentes teatrales para hacer de ella una pieza que recordar. Tiene una escenografía de la que se ha encargado Alejandro Andújar, original y detallista para trasladarnos al interior de una casa de la época en un espacio limitado pero sin que echemos en falta detalle. Además, Andújar ha sabido jugar con los medios disponibles para que en todo momento podamos ver lo que está pasando en la estancia principal y en la habitación de al lado, dejando en segundo término los aposentos de los extremos, pero de manera que se permita seguir intuyendo lo que también está pasando. Allí ha colocado el piano en un lado y un micro en el otro porque, además, también se disfruta de música en directo con este montaje de la que se encarga Damien Bazin. Además, el vestuario al que no le falta detalle y a su cargo también, consigue evocar el siglo XIX a la perfección.

La iluminación es también esencial aquí porque como dice Manrique cuando leyó el texto por primera vez, tuvo “la sensación de que había encontrado alguna cosa nueva. […] Una habitación llena de luz”. Con esas referencias era importante que Jaume Ventura jugara bien con las luces y así lo ha hecho. En esta especie de elegante vodevil donde se abren y se cierran puertas y se descorren velos continuamente, también se encienden y se apagan luces todo el tiempo hasta llegar a la última, la más bella: la luz natural de la luna. Para ello, se ha dotado al escenario de lámparas en techos y mesas que recrean esa luz de la que los personajes hablan todo el tiempo.

Finalmente, Manrique ha bordado la dirección de actores, comenzando por la cuidadosa elección de siete actores sublimes que se han sabido desnudar de su persona y vestirse con esmero y cuidado de todos y cada uno de los personajes de esta comedia pícara de frases profundas que es L’habitació del costat. Xavi Ricart y Alba Florejachs, en un segundo término pero con momentos gloriosos, son los extremos que arropan con cariño y simpatía y con un excelente hacer al resto de personajes centrales. Mireia Aixalà y Pol López se despojan de toda vergüenza para interpretar a los pacientes del Dr. Givings provocando los momentos de más hilaridad de la función. La Aixalà recrea a Sabrina Daldry, y realiza un excelente cambio de registro a medida que su tratamiento va funcionando. Y, ¿qué podemos decir de Pol López? Permitidme el atrevimiento al decir que este muchacho ha venido de otra dimensión teatral para permitirnos disfrutarlo en cada obra. Cuando él aparece, la platea se agita porque sabe que con cada palabra va a triunfar. Con su particular forma de interpretar (curiosamente, muchas veces similar) casi que diríamos, no que Pol López interpreta todos sus personajes sino que todos los personajes están en él. Algo mágico pasa en escena cuando él está. Manrique lo debe saber para haberlo querido en papeles tan complicados como El curiós incident del gos a mitjanit o como ahora, encarnando a Leo Irving, el bohemio y particular artista de esta obra. Adeline Flaun es otro de los platos fuertes de la noche. Para mí, todo un descubrimiento. Una interpretación reservada y tímida que consigue emocionar con su mirada y con su voz. Todos ellos hacen un perfecto corro y rodean a la pareja central: el Dr. y la Sra. Givings. Ya no me puedo imaginar a otro matrimonio Givings que no sean Iván Benet y Carlota Olcina. Al Benet ya le dábamos el 10 antes de verlo, con el añadido de que casi siempre le vemos interpretando papeles serios o dramáticos y aquí nos regala varias escenas de humor que borda de igual manera. Y la Olcina (que me recuerda por su ímpetu y vitalidad a la Josephine March de Mujercitas, uno de mis personajes favoritos de los clásicos de la literatura) está en tal estado de gracia que llena el teatro con cada una de sus intervenciones erigiéndose aquí diva de la interpretación.

L’habitació del costat es una obra directa, presentada sin tapujo alguno, que trata temas realmente profundos que son de rabiosa actualidad, y entre ellos el del amor. Para referirnos al amor, en castellano solo utilizamos una palabra, pero los griegos usaban cuatro: é·ros (amor erótico), fi·lí·a (amor afectuoso en una amistad), stor·gué (amor por consanguinidad) y a·gá·pe (amor basado en principios). Y creo que Sarah Ruhl ha conseguido hablar de los cuatro en un solo texto, además de incluir otros temas importantes como el placer o el humor en su historia. Para cerrar, un broche de oro. La postal que se puede apreciar en el final de la obra, que ha quedado impresa en mis retinas para los restos. Un tanto más que apuntarse Manrique y su compañía en el teatro catalán.

Crítica realizada por Diana Limones

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