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07.12.2018 Críticas  
Los laberintos de un amor abocado al fracaso

El Festival de Tenerife se acerca a su fin y nos sigue deleitando con representaciones sublimes. Una de ellas fue la ópera Lucia di Lammermoor, la cual pudimos disfrutar en la magnífica Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife. La rusa Irina Lungu y el tinerfeño Celso Albelo adoptaron los roles protagonistas de este drama trágico de tres actos.

La Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección musical de Christopher Franklin y las voces del Coro de Ópera de Tenerife, hicieron de excelente acompañamiento a un reparto muy exigido en esta pieza de Donizetti y cuya producción corrió a cargo conjuntamente del Auditorio de Tenerife, la Fundación Ópera de Oviedo y el Teatro Colón de Buenos Aires.

Nicola Berloffa ha querido situar esta tragedia romántica en la Escocia de finales de los años cuarenta; durante los tristes y sombríos años de la posguerra, donde la crisis social, política y económica no hacían distinción de clases sociales. Lord Enrico Ashton observa impotente cómo su nombre y fortuna se van derrumbando y solo vislumbra una salida a esa deshonrosa situación: casar a su hermana Lucia con un hombre cuyo poder pueda hacerle recuperar lo que ha perdido. Pero Lucia ya ha entregado su corazón en secreto al archienemigo de la familia, Sir Edgardo de Ravenswood, sellando esta entrega con un anillo y una promesa de matrimonio. Los ardides y el abuso psicológico que Lord Enrico inflige a su hermana; junto con los consejos de su padrino Raimondo Bidebent, empujan a Lucia a aceptar contraer matrimonio, en contra de su propia conciencia, con Lord Arturo Buklaw, el anhelado salvador de los Ashton. Consciente, al volver a ver a su amado el mismo día de las nupcias, de que le había traicionado, Lucia cae en el abismo del derrumbe emocional, tras lo cual se desata su locura, con trágicas consecuencias. Como testigos de ese desgraciado amor, Berloffa enriquece la historia dando un papel protagonista, pero a la vez imperceptible, casi invisible, a los criados. Están presentes en casi todas las escenas, realizando sus tareas cotidianas, pero a la vez observando detenidamente cómo va transcurriendo la historia, logrando así crear un contrapunto a los personajes principales.

Acompañando a este laberinto de personajes perfectamente hilado, encontramos una excelente ambientación que refleja los tiempos decadentes y lúgubres por los que transcurre la historia. Esa ambientación cobra protagonismo en el magnífico plano secuencia sobre un escenario giratorio, donde Lucia da rienda suelta a su delirio mientras recorre los diferentes aposentos en los que vivió su historia de amor con Edgardo. Al final de ese recorrido, le esperan la locura y la muerte; una muerte, como no podía ser de otro modo, por amor.

La soprano Irina Lungu interpreta a esta heroína belcantista; su papel fetiche, de una forma magistral. Este rol requería de una soprano coloratura; pues Donizetti pretendía expresar los diferentes estados por los que la protagonista pasaba hasta alcanzar la locura. Para ello era vital evitar cualquier efectismo dramático y confiarlo todo a la voz y por lo tanto a la técnica. Lungu estuvo espléndida al cumplir con las exigencias del papel. Poco a poco se fue ganando al público y al interpretar el pasaje “Regnava nel silenzio” y llegar al punto álgido en el aria que acompañaba a la flauta, fue el público quien alcanzó la locura, rompiendo en una larga y sonora ovación.

No obstante, esa ovación no fue la única de la noche. La interpretación del famoso sexteto recibió tal aclamación, que los allí presentes fuimos premiados con un nuevo bis. Este hecho es prueba de que el reparto que pone voz a esta representación de Donizzeti ha sido escogido con el mejor de los criterios. Prueba de ello son las excelentes interpretaciones del tenor Celso Albelo y el barítono Andrei Kymach respectivamente. Albelo, en el rol de Edgardo, realizó una ejecución muy natural, tomando más protagonismo a medida que avanzaba la obra y culminando su actuación con una interpretación sobresaliente de “Tu che a Dio spiegasti l’ali”, arrancando una nueva y merecida ovación del público. Kymach, en su papel del villano Lord Enrico, sobresalió en su agudeza vocal y agilidad.

Todos estos componentes, cuidadosa y delicadamente entretejidos, convierten a esta producción que relata la historia emblemática de Donizetti, en una ópera que a pesar de los elementos sobrios y dramáticos que la rodean, posee una belleza exquisita que logró no solo hacer vibrar de emoción sino también enloquecer a un público entregado. Todo con el fin de que Lucia no se sintiera sola en su delirio.

Crítica realizada por Celia García

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