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28.11.2018 Críticas  
Cuando el silencio ya no es una opción

El Maldà se convierte en un espacio que propicia un viaje evocador hacia, desde y a través la memoria. La de los refugiados de la Guerra Civil, que en Rastres_Argelers muestran cómo se les negó la posibilidad de exilio al ser encerrados en campos de concentración franceses. Aina Huguet y Ariadna Fígols son la cara visible de esta pieza delicada, certera y testimonial.

¿Qué es el internamiento forzado sino una reclusión? ¿Por qué todavía hoy ni el gobierno francés ni el español han reconocido estos espacios como lo que fueron? ¿Tampoco a las víctimas? ¿Es lícito que un lugar que prácticamente podríamos considerar como una fábrica de cadáveres sea hoy un enclave turístico donde desplegar nuestras toallas para tomar el sol? ¿Por qué elegimos olvidar? Esta opción fue válida para las personas que vivieron esta situación, que nos quisieron ahorrar a las generaciones posteriores su sufrimiento. Pero, ¿y ahora? Cuando los ciclos se repiten aquí o allí, en cualquier lugar, quizá todavía podamos aprender algo de nuestro pasado. Nuestro, sí.

Esta es una obra que nace de la necesidad y la incredulidad de la autora ante ese silencio. Huguet ha realizado un trabajo muy valioso con la dramaturgia. Tanto por la intención como por el resultado final de la pieza. A partir de una documentación extensa se reconstruye un capítulo (si solo fuera uno) no cerrado ochenta años después. Se utiliza a dos personajes para mostrar, mediante el desarrollo de su amistad y acompañamiento, lo que les sucedió a muchas. Dos mujeres que probablemente nunca se hubiesen conocido fuera de este exilio y su reclusión. Una infeliz ironía y una sabia utilización de la voz en off para amplificar la magnitud de lo que está explicando y contextualiza a partir de la citación. Hasta conseguir un pieza testimonial que habla en primera persona y sitúa a las protagonistas frente al público, rompiendo la cuarta pared cuando corresponde para explicarnos por fin sus vivencias. Se podría decir que así recuperan su vida una vez vez ya la han vivido, aunque no sobrevivido. Las ínfulas rodoredianas brotan del texto, creando una poética que lejos de embellecer gratuitamente, empodera. La libertad a través del lenguaje, de la palabra. Oral y escrita. Muy bien introducida la idea de herencia, así como el salto generacional que obliga nos a mirar al pasado al inicio de la obra y que nos alinea junto a las protagonistas.

El espacio escénico y vestuario de Elisenda Pérez nos sitúa en un mar de arena. O de cadáveres, cuyo único rastro son las prendas que una vez vistieron. En la misma playa. Lejos de ser un capricho estético, esta opción se revela como una de los grandes hallazgos de la propuesta. Allí encontrarán las protagonistas las piezas que vestirán. Ante nosotros. Esto promueve que las intérpretes modifiquen su movimiento por el espacio de un modo muy especial. La iluminación de Adrià Aubert y el espacio sonoro de Daniel Pitarch facilitan que nuestro rol de espectador se combine con el de interlocutor cuando corresponde. Juntos, consiguen que la intimidad del espacio y de la narración nos traslade hasta acompañar a los personajes gracias al gran poder evocador de su trabajo conjunto.

Huguet y Ariadna Fígols se adueñan de estos testimonios y crean a los personajes con una adecuación y compromiso ejemplares. Con aparente contención, naturalizan el movimiento dirigido por Andreu Martínez en su desempeño, sobrio en ocasiones y más expresivo cuando es necesario. Se crecen en la corta distancia y nos convencen en todo momento, tanto cuando se centran en la relación de sus personajes como cuando nos hablan directamente. El tono es siempre preciso y perfecto. Y sus miradas, eminentemente comunicativas, explican lo que las palabras callan. El calado de la pieza no sería el mismo sin su participación. Algo tan delicado y sensible que se convierte en imprescindible para que Rastres_Argelers deje tan profunda huella. Voz, expresión y movimiento. Un trabajo de precisión y gran belleza. El gran tributo de la función.

Finalmente, Rastres_Argelers nos emociona por cómo desarrolla esta historia que no se explica en los libros. A través de una contención muy bien trabajada, el dolor físico no se muestra explícitamente, tampoco la angustia o el dolor. Pero ahí están gracias a dos interpretaciones que permanecen y nos cogen de la mano para hacernos saltar una generación (o dos) y propiciar el reencuentro con nuestros predecesores. Un tributo a todos aquellos que no llegaron a tiempo de saber que queríamos escucharles. A ellas. Porque el olvido quizá sea una opción para algunos, pero no para todos. Porque si mi abuela no hubiera persistido en sobrevivir tras su paso por esa playa yo no estaría aquí, escribiendo esta crítica sobre una obra que también habla de ella. Gracias, Aina Huguet por convertir a Josefina Tornil Estraña en protagonista de nuestra propia historia (la suya y la mía). Ahí está, todavía un poco más inamovible, en el lugar donde yo siempre la situé y a la reconocí. Gracias.

Crítica realizada por Fernando Solla

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