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23.11.2018 Críticas  
Invernadero poético

Cualquier aficionado al teatro siente expectación ante un texto de Alberto Conejero. Si se le suma la dirección de Luis Luque y dos actores de renombre, entonces la expectación es más que fundada. Llega al Teatro Bellas Artes de Madrid Todas las Noches de un Día. Una historia de amor y misterio entre flores.

Dos personajes solitarios, no por elección, más bien por las circunstancias que les han llevado a una soledad en la que se hallan relativamente cómodos. El destino les depara encontrarse y llegar a convivir. Carmelo Gómez es Samuel, el jardinero que entra a trabajar al servicio de Silvia. Ella, misteriosa, atractiva, solitaria, foco de habladurías. Entre ellos se forjará un extraño vínculo, una admiración y deseo que flotará en el ambiente húmedo del invernadero donde Samuel se pasa las horas.

El relato nos lleva del presente al pasado, con un ligero desconcierto inicial hasta que conseguimos colocar los acontecimientos. Un interrogatorio policial nos lleva a un hecho del pasado y que aunque nos lo imaginamos deseamos que no sea cierto. Con sutil elegancia el autor y el director nos harán testigos de lo que ocurrió en ese invernadero. La escenografía firmada por Mónica Boromello recrea un mágico espacio, en el que se palpa la humedad y se intuyen las plantas que buscan sobrevivir a diario. El vestido rojo de Silvia es un gran acierto de vestuario.

Carmelo Gómez desarrolla un contenido trabajo. Su personaje destila fragilidad y soledad, desconcierto y cierta melancolía. Carmelo, al que se le echa mucho de menos en los escenarios, nos regala una interpretación maestra, creíble y sólida en todas sus caras. Ana Torrent es Silvia y es el misterio y la poesía de la función. Aunque al principio cierta languidez gestual se nota artificial, consigue crear un personaje atrapado en el dolor, la rabia, desapegado a la vida.

Deduzco que lo ha tenido fácil Luis Luque en la dirección. Tener un texto de Alberto Conejero que rezuma poesía y bellas frases en cada escena. Tener a dos actores de la talla de Carmelo Gómez y Ana Torrent tiene que ser lujo creativo para un director. Se nota mimo en cada escena. Cierto que el ritmo es pausado, que el misterio es de resolución fácil, pero hay que bucear en la segunda capa de la historia. Hay que ver las raíces de esas vidas, de esas soledades, de ese amor imposible. Enterrarse junto a las plantas para ser parte de la vida de ese invernadero donde el tiempo se paró hace mucho tiempo al ritmo de una canción de amor italiana.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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