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29.10.2018 Críticas  
La insoportable levedad del ser contemporáneo

El Teatre Akadèmia abre sus puertas de nuevo a Projecte Ingenu y, una vez más, la unión conduce al delirio. inFAUST es una aproximación más que libre a la obra de J. W. Goethe y la sitúa en nuestro presente más inmediato. El resultado es una pieza tan absorbente e inmersiva como fascinante y que, de paso, demuestra la vigencia del original a día de hoy.

Tercera colaboración en la casa y redescubrimiento de las posibilidades del espacio como nunca antes. Nos encontramos ante una compañía que título a título nos ha ido atrapando y, de algún modo, configurando, urdiendo y modificando nuestras preferencias y prioridades cuando nos aproximamos a cualquier función teatral. Cuando todavía nos estamos nutriendo de las experiencias vividas con Yerma y Vaig ser pròsper (y asimilando las de Top Girls y Romeu i Julieta) este inFAUST nos deja completamente noqueados y engrifados. Inducidos a una reflexión perceptiva que no se reduce tan solo al acto contemplativo sino al persuasivo. Una aproximación que (de)muestra antes que sentencia o juzga y que si se pronuncia lo hace a través de la conceptualización y su plasmación escénica.

Tras asistir al anterior trabajo de la compañía, nos sumimos con ellos en el teatro posdramático. Aquí el riesgo es todavía mayor ya que, cuando se ha conseguido no solo descentralizar el sentido del acto teatral del texto sino obviarlo en favor del conjunto total de la puesta en escena, ¿cómo se vuelve a él? Y ya no solo eso sino ¿cómo se convierte en un elemento más de este conjunto sin que su utilización sea simplemente ornamental o hueca? La respuesta está en la adaptación de Ricart, que vertebra la dramaturgia a partir de una esencialización tanto del contenido como del estilo del original, así como de los requerimientos aproximativos de la propuesta. Vayamos por partes. De Goethe se mantienen las tres líneas referenciales de la obra, que podríamos delimitar en tres relaciones: Fausto/Mefistófeles, Fausto/Margarita y maligno/humano. Por otro lado, se mantienen cuestiones de suma importancia del original alemán como la creencia o divinización y figuras animales esenciales como la del perro y su transformación (aquí a través del trabajo físico de los intérpretes). Sintetizacición, repetición y elipsis. Todo adecuado y contextualizado dentro de un lenguaje cuyo ritmo debe parecer programado, computado, prácticamente binario.

En este sentido, la dirección de Marc Chornet Artells consigue que todos y tantos elementos tengan cabida y casen a la perfección con la escenografía de Laura Clos “Closca”, la iluminación de David Bofarull, el espectacular diseño de proyecciones de Alfonso Ferri y el espacio sonoro de Pau Queralt. Y es que todo funciona al unísono. La infraestructura de la sala se aprovecha para mostrar dos mundos en forma de anverso y reverso y a dos niveles. En primer término, el agua que todo lo domina con apenas el contraste de un árbol pelado como único elemento natural dentro de este espacio virtual. Este trabajo conjunto se convierte en símil escénico de ponerse una gafas y mirar el espectáculo como si de una realidad mixta entre lo virtual y lo aumentado se tratase. Una experiencia sensacional en la que tanto personajes como espectadores conseguimos perdernos entre lo real y lo probable o imaginado, interactuando tanto a través de la razón como de la emoción con lo que sucede en escena.

Agua decíamos y humo, elementos usados de modo sobresaliente tanto a nivel estético como definitorio de la narración. Las tinieblas de un software escénico programado por el mismísimo diablo. Bofarull convierte las luces en segunda piel para las proyecciones consiguiendo con sus efectos confundirse con maquillaje y peluquería de un modo increíble. Queralt logra crear una atmosféra entre lo onírico y lo alucinógeno de manera permanente. El vestuario de Marta Rafa viste y desviste a los protagonistas integrando y unificándose con el resto de disciplinas. Espacialmente bien hallados los toques cyberpunk para algunos personajes como Margarita. Y Ferri ha diseñado unas proyecciones que se adueñarán de todos los planos y elementos interactuando con y sobre ellos, incluso los cuerpos de los intérpretes. Brutal para plasmar el devenir o deterioro físico del personaje protagónico. Algo tan angustioso como estéticamente subversivo y perturbador. En conjunto, una excelente y muy reveladora puesta en escena.

Chornet también ha integrado el trabajo de los intérpretes en este maravilloso conjunto posdramático. En inFAUST encontramos el que probablemente sea su desempeño más compacto a nivel de compañía. Es cierto que hay personajes protagonistas, como Fausto y Mefistófeles, pero todos van en la misma dirección y destacan en todas las expresiones físicas y vocales. Movimiento y coreografía. Voz y texto. Tono en apariencia desapasionado cuando toca e intención siempre alineada con la propuesta. Han naturalizado en su expresión corporal el movimiento escénico sobre el agua de un modo asombroso. Algunos deben mostrarse como imágenes programadas o elucubraciones del protagonista por momentos. También Margarita. De este modo, Martí Savalt, Cristina Arenas y Roser Tapias (diablillos y enamorada) sorprenden por su sincronía y desdoblamiento en diversas figuraciones representadas de un modo perfecto tanto a través de la inflexión vocal como, una vez más, del movimiento.

Neus Pàmies y Toni Guillemat mantienen un pulso entre lo sumiso y lo dominante como Mefistófeles y Fausto, respectivamente. Sin caricaturizar y apoyando a esta conceptualización de la propuesta, su trabajo es fenomenal. Juegan muy bien con su físico y saben aprovechar el trabajo corporal y las posibilidades del movimiento incluso en los desnudos. Ambos se apoyan para el desarrollo conjunto de la relación de sus personajes en todo momento. Guillemat se revela como un gran figurante, siempre en la posición y en el lugar indicado para que luz y proyecciones impacten sobre su cuerpo. Su trabajo consigue mostrar todas las dobleces del protagonista y es, en última instancia, el que condensa todas las particularidades de la aproximación, aportando además una expresividad facial exquisita. A través de su mirada lo captaremos todo. Congoja, temor, objetivos… También la infelicidad y la ilusión, el infortunio y la funesta fatalidad. El recorrido completo gracias a un trabajo distinguido. Él, así como sus compañeros, crean imágenes escénicamente tan impactantes como el último encuentro entre el protagonista y su amada. Increíble.

Finalmente, y aunque esto es algo que condiciona más a los espectadores que a los artistas, con inFAUST se supera también el hype que nos creamos los primeros tras cada visita. Resulta maravilloso entrar a una sala con las expectativas altísimas y olvidarnos de ellas a medida que avanza la representación. No por incumplimiento sino por su anulación en favor de algo totalmente inesperado y que capta y canaliza toda nuestra atención y nos propulsa hacia un universo sensorial en el que el arte dramático todo lo puede y consigue.

Una propuesta que sin duda recordaremos y a la que nos rendimos y abandonamos desde el primer momento (incluido el juego de palabras que promueve el título). Y no, no hay que firmar ninguna política de privacidad. Ni siquiera leerla. Tan solo escuchar, contemplar, discernir, confundir, sentir y, una vez más, aprender.

Crítica realizada por Fernando Solla

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