novedades
 SEARCH   
 
 

26.10.2018 Críticas  
El dos de corazones

Que El Maldà es un espacio particular donde todo es posible es algo que sabemos y que disfrutamos en cada visita. Y que con Res em fa major nos encontramos ante un espectáculo que solicita dejarnos llevar y jugar a partir de la escucha y de la mirada curiosa como requisitos indispensables resulta irrefutable. Una extraña y seductora incitación a la introspección.

Un universo que de tan particular se convierte en algo fascinante. El niño que sueña e imagina el hombre que será y que al mismo tiempo recuerda al chiquillo que fue. Quizá la resaca melancólica tras una noche de borrachera. Un elogio a la pérdida de tiempo o la decisión de no actuar y una celebración de la vida. Una mención dramática al cine negro y una utilización del audiovisual ya no acertada sino hipnótica. Un espacio entre onírico y surreal. Como si la poesía escénica y visual de Joan Brossa convergiera con la modernización de la lengua catalana de Josep Pla y juntos invitaran a David Lynch a revisar el diccionario Pompeu Fabra y se aproximaran a los microrrelatos de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar.

Quizá este último detalle sea el que más sorprende de una propuesta en conjunto singular, imprevista y positivamente inesperada. Ficciones (o no) creadas en la imaginación (quizá) del protagonista que se nos presentan de forma elíptica y mudable. Juegos de palabras que subvierten su combinación en apariencia absurda e improbable para dotar de entidad y sensibilidad a palabras individualmente concisas, precisas y cargadas de significación. Un espectáculo que combinando su estilo narrativo con el estético se define entre el género propio y la categoría dramática del relato. Nuestro personaje se moverá entre el ingenio al que le empuja la necesidad de evadirse de la soledad que lo embarga. Invenciones quizá. Alteraciones de la realidad, posiblemente. Canciones, amor, obsesiones, búsqueda y hallazgo de la belleza, electrodomésticos y lámparas.

El trabajo de dirección de Montserrat Butjosa, respaldado por Ana Pérez (que también se encarga del movimiento) logra que el universo del personaje sea compartido por los asistentes llegando a conseguir que las reminiscencias metafísicas nos atrapen a todos los convocados. La interacción del intérprete con los distintos objetos se convierte en una seña de identidad de la propuesta. La escenografía y el vestuario de Estel Ferrer en combinación con el asesoramiento en ilusionismo de Nano Márquez y el ambiente que acota la composición musical de Albert Palomar construyen este universo para que el protagonista pueda moverse con su propia lógica interna dentro de tan particular exposición.

Carles Gilabert no solo es la cara visible y el cuerpo donde se conjuga la labor de todos los implicados en la propuesta, sino que se convierte en narrador protagonista de su propio sueño, quimera o pesadilla. Preciso y delicado, vigoroso y generoso. Un dominio del vocabulario que nunca se ejecuta como trabalenguas o ejercicio de virtuosismo y siempre busca la carga de significación. Su movimiento e interacción con todo (y todos) los que le acompañamos es magnífico y muy emocionante. Su trabajo físico impactante y su expresividad facial se nos asemejará ilimitada. ¡Ay del que se lleve el dos de corazones y se cruce con la mirada fija y penetrante de Gilabert! Su capacidad para conectar con el qué, cómo, porqué y quién es muy valiosa. La emoción de adentrarse en algo desconocido y el desasosiego de saberse vulnerable. Un trabajo espinoso y gracias a su buen hacer, accesible. Técnico e integrador del audiovisual en su interpretación cuando corresponde y gran manipulador de objetos para crear posibles relatos dentro de cada microrrelato. Impresionante.

Finalmente, valoramos y aplaudimos el riesgo que supone (tanto para los artífices como para los espectadores) adentrarse y dejarse llevar por la intensidad y la corazonada. La noción creada a partir de la imagen y la representación. Un mundo evocado en el que el presentimiento abre sus puertas hasta conseguir un calado fuerte e impresionable para mentes despiertas y corazones inquietos. Una experiencia que merece la pena compartir, y más si es de la mano de un protagonista capaz de acompañarnos hasta el recoveco más íntimo, profundo y particular.

Crítica realizada por Fernando Solla

Volver


CONCURSO

  • COMENTARIOS RECIENTES