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24.10.2018 Críticas  
Enrique Piñeyro a pie de pista

Dos accidentes de avión recreados con creatividad audiovisual y la cabina a escala real de un Boeing 737-200 dan inicio al monólogo cómico de Enrique Piñeyro. El argentino llegó a los Teatros del Canal con Volar es humano, aterrizar es divino, un espectáculo en cuyo fuselaje hay sitio para aviones, política, medicina y hasta mosquitos asesinos.

Piñeyro, que antes que actor o director de cine fue médico, piloto o activista en denuncia de irregularidades en seguridad aérea, cultiva la mirada crítica, comprometida, irónica y sarcástica sobre la actualidad, los miedos y los modos de comportarse del ser humano. Afirma que él busca un objetivo y luego elige la forma de llegar hasta él, por eso ha tocado tantos palos tan distintos en su carrera. Su stand-up comedy, que lleva cinco temporadas en el Teatro Maipo de Buenos Aires, despierta de inicio mucha más curiosidad porque: ¿quién mejor para acabar con los mitos y leyendas sobre los accidentes aéreos que alguien que conoce ese mundo desde dentro? Y, ¿quién mejor que un piloto para aplicar el racional, precavido y templado proceder aéreo para juzgar la manera de comportarnos en otros aspectos de la vida cotidiana?

Tras un inicio que descoloca a una platea española no acostumbrada a sus shows, Piñeyro se sirve, como si de una conferencia se tratase, de una pantalla para ir exponiendo gráficos, fotos, videos… que van ilustrando y completando sus palabras. Erratas de prensa, anuncios publicitarios, fragmentos de películas, carteles, pintadas callejeras, señales de tráfico… todo lo que nos rodea es susceptible de caer en su análisis que aquí presenta visiblemente adaptado para España. Entre las noticias de medios argentinos se cuelan también los principales periódicos españoles, entre los políticos también aparecen José Luis Rodríguez Zapatero, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez… Que la adaptación funcione habla de la globalidad del mensaje: seguro que no le costaría a Piñeyro encontrar los mismos ejemplos, o similares, en cualquier otro país. Tan básica, previsible y calcada es la humanidad.

Varias cosas quedan claras después de ver Volar es humano, aterrizar es divino: primero, cualquier hogar es potencialmente más peligroso que un avión; segundo, resulta técnicamente muy complicado corroborar cuándo tu pareja finge un orgasmo (y además, qué más da); tercero, el futuro no es hoy, es mañana (por favor que alguien se lo aclare a los “creativos” de las campañas políticas); y cuarto, a través de la comedia se puede (y se debe) poner el dedo en la llaga a la vez que se hace sonreír al público.

Crítica realizada por Raquel Loredo

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