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11.10.2018 Críticas  
Everybody needs a hat and sunglasses

La mítica banda The Original Blues Brothers Band regresó a la capital el 9 de octubre con más energía que nunca para llenar el teatro Nuevo Apolo con sus ritmos legendarios y llenar la noche madrileña de soul y blues.

La banda fue formada en 1978 por los actores John Belushi y Dan Aykroyd para tocar en el televisivo programa Saturday Night Live. Su éxito les llevó a protagonizar la película Granujas a todo ritmo (siempre me preguntaré a qué se debe esa manía de cambiar los títulos cuando no aporta ninguna información adicional) dirigida por John Landis que les otorgó mayor popularidad. En la actualidad continúan actuando en salas de conciertos y en teatros por todo el mundo, manteniendo a algunos miembros de la divertidísima cinta con la que disfruté varios años atrás. Una comedia de acción musical que inició mi gusto por los musicales y que marcó un antes y un después en mi interés por el soul, el blues, el rock clásico…

El teatro Nuevo Apolo de Madrid estaba prácticamente lleno y expectante mientras los miembros de la banda improvisaban para matar el tiempo y bromeaban en espanglish con los allí presentes ante el ligero retraso debido a algún problema técnico que lograron solucionar sobre el escenario en pocos minutos. Los músicos fueron colocándose en sus respectivos puestos aunque, en realidad, no dejan de moverse de un lado a otro durante toda la actuación, ¡cuánta fuerza! Una formación de lujosos veteranos con un derroche de energía y apasionamiento admirables, apretando el acelerador a medida que los temas clásicos se iban sucediendo – Think, Knock on Wood, Sweet home Chicago, etc.- y, como no podía ser de otra manera, llega un momento en el que los espectadores no aguantan más sentados y se ponen en pie para poder bailar y aplaudir siempre que se requiera.

Sobre el escenario aquellos hombres de traje negro, sombrero y gafas oscuras; en el patio de butacas un público dispuesto a ver un pedacito de la historia de la música.

Maravillosos temas tocados por grandes músicos que le ponen mucha voluntad, ganas de agradar en todo momento y que interactúan constantemente con el auditorio, esforzándose en demostrar que la edad no pesa.

En el bis, Lou Marini –saxofonista- nos presenta a todos los músicos que uno a uno van entrando en el escenario para volver a coger posiciones e interpretar Everybody needs somebody to love, volviendo a hacer disfrutar a un público entregado y con ganas de más.

Durante todo el concierto las luces resultaron dar mucho juego creando diferentes ambientes y potenciando lo que ocurría sobre las tablas junto a la pantalla situada al fondo del escenario en la que se proyectaban formas que iban moviéndose o cambiando de color. Un acierto en el uso de la iluminación que no tuvo mucho que ver con el sonido, fue muy pobre y débil al inicio y fue mejorando paulatinamente según pasaban los minutos.

Un repaso a míticos temas de la mano de grandes profesionales que aprovechan su poder de convocatoria, mostrándose llenos de energía y capaces de transmitir mucho, haciendo de cada show algo más que un mero concierto de soul.

Crónica realizada por Patricia Moreno

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