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10.10.2018 Críticas  
Perversión kafkiana

Un ambiente inicial envuelto por el zumbido de insectos da pistas del terreno asfixiante y perturbador al que quiere conducir Gregor Samsa; obra de David Llorente que se puede verse en Teatro Intemperie. El diálogo entre una joven y una criatura repugnante, atormentada por su condición, construye una reflexión existencialista inspirada en la obra Kafkiana “La metamorfosis”.

Todo empieza con el espacio escénico presidido por un gran plástico que oculta cualquier elemento escenográfico. Bajo el enigmático manto traslúcido un montón de sillas se hacinan y entremezclan con la maraña de conflictos interiores de un ser que se juzga a sí mismo como deshumanizado. Una mano femenina con apariencia infantil viene a destapar el misterio y a ganarse la confianza del monstruo que, apartado voluntariamente del mundo, lleva días sin comer esperando su final. La obra Gregor Samsa parte del estado depresivo al que el homónimo personaje de Franz Kafka llegó cuando decidió abandonarse a la muerte. Este monstruo, encarnado por un Ramón Nausía de destacable compromiso y caracterización, no es aquel hombre convertido en metafórico escarabajo literario: pero sí está hundido, e incomunicado, en su misma soledad animal. Misa, interpretada por una perfecta para el papel Sherezade Atiénzar, es la cara dulce, la belleza subestimada que con curiosidad invade el mundo del hombre deforme ofreciéndole un ramillete de condescendencia y frases amistosas sin doblez aparente.

El juego entre ambos personajes arranca evocando aquella conocida imagen de Frankestein hablando con una niña mientras sostenía una flor: en medio de una laberíntica presentación de la situación la joven rodea la guarida del monstruo con rosas mientras él intenta asustarla increpándola sin éxito. A medida que van cayendo las barreras de él la conversación se oscurece convirtiendo el surrealismo de escena en un sueño intranquilo. La inocencia vira hacía la perversión encontrando en ella un camino que acrecienta el interés de la obra de manera exponencial. La apariencia de Misa cambia, sus calcetines infantiles desaparecen y su aspecto se tiñe de un toque más gótico. La relación entre ambos personajes se retuerce de manera similar a como la joven aprieta la última flor que queda entre sus manos.

Sutileza y opresión. Angustia y ambigüedad. Gregor Samsa es desasosiego y terreno abierto a la interpretación libre. Una propuesta que lanza preguntas al aire y azota las entrañas con un desafiante cinturón de cuero cargado de psicología e insatisfacción. Textos como el de Llorente hacen que “investigación dramático reflexiva” y “off Madrid” sigan siendo sinónimos.

Crítica realizada por Raquel Loredo

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