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03.10.2018 Críticas  
Bruno, “maco, per favor”, las tablas

Bruno Oro se instala en el Club Capitol con Immortal, un espectáculo creado a partir de una idea propia y que Marc Angelet y Alejo Levis han escrito, aportando tanto forma como contenido. Un ejercicio interesante y una comedia que supera el monólogo o compendio de gags continuando en la línea de eGo o #LifeSpoiler, trabajos anteriores de los autores.

A Oro le sienta muy bien el escenario. Esto es algo que podemos comprobar en distintos formatos y registros cada vez que sube a las tablas. En esta ocasión, el espíritu de Total Memos, compañía que el intérprete y Clara Segura crearon a principios de este siglo, puede palparse en el ambiente. En este mismo espacio pudimos ver Maca, per favor… les postres o No et moguis. No se trata de repetir patrón pero hay algo que nos ha sorprendido especialmente y es cómo entre todos los implicados han sabido unir sus señas de identidad para construir una pieza que englobe sus características principales de forma unitaria y sugestiva para el público.

Angelet suele escribir sobre límites. Entre el uso humano de la tecnología y la libertad, el dominio o yugo de las ambiciones y su característica condicionante de nuestro futuro o devenir humano en las relaciones interpersonales… En este caso, la avidez por la inmortalidad. De un modo muy sutil y prácticamente imperceptible veremos distintos momentos clave en los que varios personajes se enfrentarán a su decisión o destino. Un inteligente juego entre lo presente y lo distópico para el que Levis ha diseñado un espacio lumínico y sonoro muy adecuado, lo mismo que su trabajo en la realización de vídeo. Un apoyo tanto a su labor dramatúrgica como al desempeño del intérprete en escena y un modo ágil para mostrar el anverso y reverso espacio temporal de lo que se nos quiere mostrar.

La elección de los personajes también conforma una sólida base para que Oro pueda desarrollar su trabajo. Reconocibles para todos nosotros pero sin caer en un costumbrismo exacerbado. Aunque se fuerza la condición de que da título a la obra siempre habrá un punto entre lo humano, lo cuántico y lo cómico. Curiosamente, llegaremos a momentos emotivos en los que la emoción tras la reflexión y asimilación del discurso y la interpretación de Oro harán mella entre el público. Incluso la concepción de la Muerte, la conversión del artista en personaje y la ruptura de la cuarta pared están muy bien incluidas dentro de la dramaturgia propuesta.

Y, por supuesto, Bruno Oro. El intérprete se muestra con generosidad y amplitud ante el público. Siendo fiel a un estilo propio cuando así se requiere pero sin dar nunca por hecho que su presencia es suficiente por sí sola, el actor se desdobla cual camaleón y se presta a cubrir todas las necesidades del texto de un modo sensible, hábil y alineado con el ritmo que necesita la función. Los cambios se producen a ritmo vertiginoso pero eso no repercute ni un ápice en la profundización en el discurso. Su energía parece inagotable y su trabajo de construcción de personajes a partir de su elocución vocal lo sitúa en un terreno muy provechoso para el público que asiste a semejante y constante transformación.

Finalmente, destacamos de nuevo la capacidad del intérprete para desdoblarse en todos los personajes demostrando siempre compromiso con el material de partida. Immortal supone una buena oportunidad para disfrutar de un artista que gana en la corta distancia y de unos autores que saben cómo indagar en unas premisas de las que siempre extraen o desarrollan interesantes posibilidades dramáticas integrando forma y contenido de modo ágil, divertido y poco a nada superfluo.

Crítica realizada por Fernando Solla

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