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03.10.2018 Críticas  
¿Debemos compartir todos nuestros secretos?

Desde el pasado 26 de septiembre, el Teatro Reina Victoria de Madrid acoge Perfectos Desconocidos, una versión teatral de la película dirigida por el italiano Paolo Genovese que, esta ocasión, dirige el también actor Daniel Guzmán con un reparto de lujo.

Perfectos Desconocidos es la adaptación teatral de la exitosa película de Álex de la Iglesia que arrasó en la taquilla el año pasado y que está basada, a su vez, en la obra italiana “Perfetti Sconosciuti”. Qué mejor manera de aprovechar el tirón de la película que llevar esta historia sobre las tablas de la mano de Daniel Guzmán, un brillante actor que además ganó el Goya a Mejor Director Novel por “A cambio de nada (20015)”.

La obra relata la historia de un grupo de amigos de toda la vida que quedan para cenar en casa de una de las parejas integrantes y, durante la velada, uno de ellos propone un arriesgado juego: poner todos los móviles en el centro de la mesa y compartir con los demás todos los mensajes y llamadas que reciban. Todos sus secretos quedarán expuestos mientras dure el evento.

La trama es muy acertada e ingeniosa en la época en la que vivimos y por ello no deja indiferente a nadie. La gran mayoría de los espectadores podemos sentirnos identificados, planteándonos cuestiones acerca de dónde está el límite de nuestra intimidad o qué nivel de dependencia tenemos sobre nuestras dispositivos, cómo estos han cambiado nuestras relaciones sociales y nos han alejado de las personas que físicamente tenemos más cerca.

David Serrano y Daniel Guzmán realizan un espléndido trabajo adaptando cuidadosamente la obra, con diálogos que fluyen como el vino que hay sobre sus copas, el ritmo es frenético y crea todo tipo de situaciones, las conversaciones captan totalmente nuestro interés y nos mantienen en vilo durante los noventa minutos que dura la función, esperando un nuevo mensaje o una llamada que dé un vuelco a la historia y añada una nueva situación disparatada que nos arranque alguna que otra carcajada.

Todo ello se logra con siete personajes muy bien construidos e interpretados por Alicia Borrachero, Antonio Pagudo, Olivia Molina, Fernando Soto, Elena Ballesteros, Jaime Zatarain e Ismael Fritschi. Es un elenco homogéneo, todos demuestran gran soltura y comodidad sobre las tablas, somos testigos de con un gran nivel interpretativo y una brillante dirección. Todo ello con una realista puesta en escena a cargo de Silvia de Marta que nos muestra el ático –terraza, cocina, salón y baño- donde transcurre toda la obra. Los actores no salen prácticamente en ningún momento del escenario y se mueven por cada rincón con una naturalidad admirable a la que contribuye perfectamente la escenografía aportando cacharros, comida, bebida… Mención especial para la iluminación a cargo de José Manuel Guerra que gracias al juego de luces nos lleva de un lado a otro de la casa y refuerza el poder de las conversaciones que tienen lugar fuera del foco principal.

Lo que me gusta del teatro es que, a veces, no somos simples espectadores puesto que nos hace plantearnos qué sucedería sin nosotros fuéramos partícipes de lo que sucede sobre las tablas; qué pasaría si formáramos parte de una velada así y nos propusieran ese juego… Una forma inteligente de contar esta historia que, además, nos regala una reflexión para que nos la llevemos fuera del Teatro Reina Victoria.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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