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29.09.2018 Críticas  
Confuso futurista

Planteada como una herramienta atizadora de conciencias, Faraday pretende que nos planteemos un futuro donde el poder de las redes sociales y lo que colgamos en la nube llegue a ser aún más peligroso de lo que ya lo es ahora. Thriller con tintes de suspense, con buena intención pero con fallos incomprensibles de ejecución.

Cierto es que el teatro lo soporta casi todo. Reinventar clásicos, poner punk a Shakespeare, trap a Lorca, pasodobles a Homero. Llevar una historia de suspense cinematográfico, seriéfilo (Blackmirror sería la analogía) es tarea complicada más no imposible. Para ello el texto y la acción deben ser redondas, y el espectador tiene que creerse todo lo que ocurre. Escenas de acción en el teatro siempre son difíciles, crear suspense debe ser gracias a la palabra más que por el artificio.

Fernando Ramírez Baeza firma Faraday, un texto que nos lleva a un futuro no muy lejano, donde empresas tecnológicas se enzarzaran en una lucha por conseguir la última revolución tecnológica. Una aplicación que reconocerá cualquier fotografía y mostrará todo lo que haya en la red sobre esa persona, nos reconocerá entre el gentío de un concierto, o de un partido de futbol, nos encontrará en los dispositivos de cualquiera que conserve una fotografía nuestra, aunque pensemos que esas fotos fueron eliminadas. Un buscador y rastreador capaz de encontrarnos en las más inocentes o comprometidas situaciones. No es nada descartable esa posibilidad, de hecho no estamos tan lejos de eso. El discurso es aleccionador cuando pensamos en lo que inocentemente subimos a cualquier red y como perdemos el control de esas imágenes.

Todo eso es Faraday, el montaje discurre por los terrenos complicados del thriller teatral. Paco Macià dirige de manera desigual el montaje. Situar la historia en un Manhattan tan peliculero distrae y aleja al espectador patrio. Cierto que la gran pantalla es efectista, pero que difícil es interactuar de manera creíble con semejante artilugio. Un reparto formado por José Manuel Seda, correcto en el papel de matón a sueldo de la gran corporación. Si bien algunos errores de guión (dejar sueltos a los que acaba de secuestrar, dejar el preciado disco duro en la mesa) cosas incomprensibles que dejan al espectador pensando más en la torpeza del personaje que en la supuesta terrible trama. Alicia Montesquiu, Javier Collado, Ana Turpin y Pedro Miguel Martínez componen el resto del reparto. Es complicado resolver buenas escenas de acción y aquí hay carencias que si bien el interés del texto podría suplir no ocurre. Al final se convierte en la búsqueda de un padre desaparecido y una madre con secretos.

A pesar de querer ser novedosa y arriesgada, Faraday cae en tópicos demasiado trillados ya por la televisión y el cine. El mayor enemigo de esta función es precisamente lo que pretende denunciar. La alta exposición de imágenes. Terreno demasiado conocido que no tiene el gancho ni la novedad.

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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