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21.09.2018 Críticas  
Función sanadora

Avalada por crítica internacional, llega para quedarse y arrasar en la cartelera madrileña una obra redonda. El curioso incidente del perro a medianoche sobrepasa el acto teatral para convertirse en hito histórico. No solo por ser un montaje impecable sino por recuperar para Madrid un teatro que había perdido su rumbo, el Teatro Marquina se presenta con cara de West End.

Solo con honestidad y coraje se puede afrontar el reto de montar El curioso incidente del perro a medianoche. La novela de Mark Haddon sigue siendo un éxito y es casi lectura obligada. Eso hace que el increíble personaje protagonista resida en el imaginario que cada uno le haya querido dar. El reconocido dramaturgo Simon Stephens logró una adaptación teatral que se convirtió en hito. Ahora bien, la complejidad de la misma hacía difícil pensar que alguna compañía española se atreviera a montaje semejante. Los astros alineados han hecho que el Grupo Marquina se embarcara en la búsqueda de un nuevo e ilusionante rumbo para su teatro. En esa búsqueda se cruzan con una eminencia teatral de nuestro país, Gerardo Vera. Este, junto a José Luis Arellano poseedores de los derechos de la obra en cuestión se lo proponen a los gestores. La suerte, el arrojo de unos visionarios atrevidos y el amor exacerbado por el oficio teatral ponen la maquinaria a trabajar. El resultado es un montaje que será recordado. El éxito de este montaje puede llegar a ser historia del teatro en España. Dentro de unos años algunos podremos alardear de que vimos El curioso incidente del perro a medianoche en su primer montaje en Madrid.

Un perro aparece muerto en un vecindario de una ciudad inglesa. Christopher lo encuentra y eso desata el viaje más emocionante jamás vivido por ese chaval. Christopher es un chico especial. Con síndrome de Asperger o autista (nunca queda claro eso en la novela) incapaz de mentir, con una lucidez mental asombrosa. Christopher ve el mundo de una manera única, mágica. Se propone descubrir al asesino del perro, sin saber que esa investigación le llevará a descubrir un mundo y unas verdades hasta ese momento ocultas para él. Christopher nos agarra desde el primer momento y nos lleva de la mano a esos descubrimientos. La emoción se desparrama a raudales. El texto es redondo. La traducción al español firmada por José Luis Collado es certera.

Con una estructura de espectáculo teatral, casi de gran musical, la obra galopa y se eleva. Culpables de que las emociones floten son la escenografía de Gerardo Vera. Un mundo de reflejos y luces led. De puertas que se abren a mundos desconocidos, de grietas que se abren a abismos desconocidos. Coreografiados al milímetro por Andoni Larrabeiti, que consigue mover al amplio elenco con precisión quirúrgica. Luz del maestro Juanjo Llorens que nos lleva a mundos insospechados. Música original de Luis Delgado y Alberto Granados. Unas proyecciones del siempre inspirado Álvaro Luna y un vestuario de Silvia de Marta. ¿Puede haber más talento junto? No hace falta responder, el resultado habla por sí mismo.

José Luis Arellano firma una dirección apabullante, lejos de sentimentalismos y de la pena por la que sería fácil discurrir. Pulso firme para un elenco que derrocha aquello que se define como el oficio de actuar. Equilibrio de funanbulista sin red. De la risa al hielo, de la explosión a la contención, de la lágrima a la catarsis. Curtido en dirigir a los jóvenes de La Joven Compañía se enfrenta aquí a su reto más complicado hasta la fecha y el resultado no puede ser mejor.

Diez actores y actrices en escena al servicio de una gran historia. Cuatro de ellos interpretando al mismo personaje a lo largo de la obra. Los otros seis desdoblándose una y otra vez para dar vida a varios de los personajes que Christopher se encontrara en su viaje. Eugenio Villota, Anabel Maurín, Boré Buika, Alberto Frías, Eva Egido y Carmen Mayordomo. Ver la entrega con la que estas seis bestias se meten en cada uno de los papeles es apabullante. La función es un artefacto de precisión y si estos seis maquinas no estuvieran finos, la maquina se caería. Sujetan los mimbres del espectáculo sin alardes, solo con maestría.

Lara Grube es Siobhan, uno de los personajes más entrañables de la función. Podría caer en el sentimentalismo fácil, pero no. La profesora, la amiga, los pensamientos. No se me ocurre otra voz y otra manera mejor de equilibrar la ternura con la docencia. Mabel del Pozo es Judy, la madre. Su interpretación arrolla a la platea. La confesión antes del fin del primer acto es simplemente magistral, la escena es sobrecogedora. Marcial Álvarez, rudo, tosco y tan frágil a la vez. Sus escenas con Christopher pasan de la violencia a la más contenida emoción.

Mención aparte para Álex Villazán. Hace unas críticas ya que les avisaba que no le perdieran la pista. Pues bien, aquí está la constatación del hecho. Álex agarra al público desde el minuto uno. Su gesto, su mirada perdida, la exposición de sus pensamientos. Juega con nosotros y con todos los personajes. El viaje es de tal envergadura que podría haber superado a cualquier actor preparado. Álex lo tiene dominado y a medida que las funciones discurran eso puede llegar a ser un recital interpretativo pocas veces visto. Señores y señoras que deciden premios, vayan apuntando este nombre para los galardones de esta temporada. Esto es irrepetible.

Ir al teatro es una experiencia reconfortante, pero ir a ver El curioso incidente del perro a medianoche es sanador. El final es de los que se recuerda y recuerda. Christopher es capaz de todo y nos reta. ¿De qué somos capaces? Les confieso que al salir del teatro se sentirán poderosos, imparables, mirando al cielo en busca de la fuerza y la inspiración, reconciliados con la vida, ningún problema parecerá imposible……al final, ¡Confeti!

Crítica realizada por Moisés C. Alabau

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