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14.09.2018 Críticas  
Desternillante historia

Hace unos días se estrenó La Ternura en el Teatro Infanta Isabel de Madrid; una comedia romántica escrita y dirigida por Alfredo Sanzol bajo la inspiración de Shakespeare e impulsando hasta Madrid la risa que caracteriza su teatro.

La Ternura es un montaje aclamado por la crítica y el público desde su estreno, por ello regresa tras una larga gira por España al Teatro Infanta Isabel para quedarse en la cartelera madrileña.

Alfredo Sanzol, haciendo uso de su dominio sobre la comedia, ha creado un enredo de corte clásico rebosante de ingenio y profesionalidad para demostramos la imposibilidad de protegernos de los daños producidos por el amor. Para ello se rodea de artistas habituales en sus los anteriores trabajos, su equipo de confianza: un magnífico reparto formado por Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón; cuyos personajes sitúa en una isla desierta lejana para hablarnos de la ternura, lo absurdo, los amores imposibles, los encuentros, los desencuentros…

Realmente cuesta imaginar la obra con otros intérpretes puesto que parecen llevar toda la vida trabajando con esos personajes a los que dan vida de forma soberbia, y si no que se lo pregunten al público que cae rendido ante las maravillosas interpretaciones, demostrando su admiración con una grandísima y merecidísima ovación. Normalmente se suele destacar a algún actor o actriz pero es que el trabajo de todos y cada uno de ellos es realmente impecable. Comienzo por la Reina Esmeralda interpretada por Elena González, una actuación llena de fuerza que nos deja boquiabiertos al poco de empezar la función con su maravilloso monólogo acerca la comida que se podía haber llevado a la isla. Siempre acompañada por sus dos hijas –la princesa Salmón y la princesa Rubí- interpretadas por Natalia Hernández y Eva Trancón respectivamente, haciéndonos reír a carcajada limpia con una admirable soltura sobre las tablas. Sigo con Juan Antonio Lumbreras que domina a la perfección sus movimientos y miradas destacando el momento en el que se toma su propio brebaje y brilla con su trabajo gestual. Completan el elenco Paco Déniz y Javier Lara –leñador Verdemar y leñador Azulcielo respectivamente- haciendo uso de su talento a la hora protagonizar escenas que se quedan en la memoria para siempre.

Los actores y actrices son capaces de recrear numerosos elementos cuya aparición en escena se describe con gestos y palabras y los espectadores dan rienda suelta a la imaginación y no necesitan visualizarlos, como por ejemplo la playa, el arbusto en el que se esconden, la cueva, etc. de tal manera que la sencilla puesta en escena consiste en algún que otro objeto y en un escenario prácticamente limpio sobre el que destaca un colorido vestuario a cargo de Alejandro Andújar.

Las continuas entadas y salidas de los personajes a través de las cortinas dotan de mucha frescura el espectáculo que, a pesar de su extensa duración, tiene un vibrante ritmo que va aumentando a medida que se acerca el inesperado desenlace. Prefiero no desvelar nada pero sí voy a destacar la admirable capacidad de Sanzol para introducir un giro inesperado cuando pensamos que ya nada puede sorprendernos.

Todo ello cuenta con el maravilloso trabajo de Pedro Yagüe a cargo de la iluminación, logrando crear diferentes ambientes y acompañando en todo momento lo que sucede sobre las tablas.

A mí, que me cuesta reír en el teatro, me supo a gloria finalizar el día con esta maravillosa guinda y salir del Teatro Infanta Isabel con una amplia sonrisa dibujada en los labios. Tras su paso por otros teatros, el espectáculo sigue siendo todo un éxito; normal que el público quiera seguir contando con ella en la cartelera madrileña. Pero no lo dejen pasar porque el tiempo vuela y La Ternura merece mucho la pena.

Crítica realizada por Patricia Moreno

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